Si Chávez no hubiera muerto
Si de vaticinios se trata, me atrevería a decir que su revolución bolivariana será solamente un sueño guajiro.
Chávez se fue ya del mundo. La incógnita es si su legado pasará la prueba de la historia. Si de vaticinios se trata, me atrevería a decir que su revolución bolivariana será solamente un sueño guajiro. Chávez no es Benito Juárez, Fidel Castro o Lázaro Cárdenas. Su peor enemigo es la trágica situación económica de Venezuela, en tanto su grupo político seguirá al mando, lo que asegura que nada cambiará en la política económica, sino que populismo avante será igual a regresión para los venezolanos.
México tuvo un desencuentro lamentable con Chávez que llevó a enturbiar una relación que históricamente había sido ampliamente valorada por los dos pueblos. De hecho ese rompimiento separó no solamente a Venezuela y México, sino generó las dos visiones del futuro de América Latina. Grave error histórico al distanciar lo que estaba unido por la historia, lengua, aspiraciones e idiosincrasia de los países latinoamericanos.
La relación de Fox con Chávez fue tan mala que llegaron a retirarse los embajadores de ambos países después de que Chávez llegó a insultar a Fox. Lo llamó “cachorro del imperio”. Con Calderón no fueron mejor las cosas, sino hasta el final del mandato calderoniano en que el Presidente panista hizo todo lo posible por congraciarse con quien lo había llamado, además de ignorante, “caballerito”, aduciendo a su perfil conservador, supuestamente elitista.
Calderón, en ocasión de la muerte de Chávez, dio un pésame que muestra su nostalgia del poder: “Lamento el deceso del presidente Hugo Chávez, de quien fui contemporáneo en la Presidencia de la República. Descanse en paz”. Me imagino que los sicólogos tendrán algo que decir al explicarse a sí mismo como contemporáneo del venezolano. Se trataba del pésame por la muerte del venezolano, no de recordar que había sido su contemporáneo.
En el mismo sentido que Calderón, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) se apresuró para insistir en que no tuvo vinculación con él, que él no se inspiraba en extranjeros, que sus enemigos “usaron su imagen para atacarme”. Se trataba de dar un pésame, no de saber si efectivamente había tenido relación con el venezolano. Evidentemente que AMLO no se parecía a Chávez, de haber sido el caso estaría en la Presidencia.
La muerte de Chávez genera un espacio de poder en Venezuela imposible de llenar. Independientemente de sus evidentes errores en la conducción económica de Venezuela y de su incorrección política, Chávez es un fenómeno político. Era capaz de decirle “diablo” a George Bush, pero no interrumpir sus negocios petroleros con Estados Unidos, que tienen cerca de 80 años de celebrarse. Venezuela siguió vendiendo petróleo y ensanchó sus negocios en EU, al grado que la red de Citgo, de propiedad venezolana, alcanza cerca de 13 mil gasolineras que compiten con las empresas globales del petróleo. Por ello, la decisión del presidente Peña Nieto de nombrar cuanto antes embajador mexicano en Venezuela, responde a una nueva manera de ver la política internacional. Además, la presencia del Presidente mexicano en Caracas para dar el pésame es un giro esperado que augura mejores tiempos para la relación de México con Latinoamérica. No se trata de que Peña Nieto se convierta en Chávez, como algunos han sugerido, el Presidente mexicano es mejor, sino mostrar lo que vale la relación con países con afinidades tales que constituyen la región más homogénea del planeta.
La muerte de Chávez abre oportunidades, sin que esto lleve, como lo dijo Carlos Mota, de Milenio, a celebrar su muerte. La expresión del periodista es lamentable: “Qué bueno que murió Chávez”, dijo en la pantalla. Ciro Gómez Leyva, que autoritario siempre corrige —con o sin razón— a los colaboradores de ese periódico, sólo movió los hombros cuando lo escuchó. Estoy seguro que Gómez Leyva lamentará no haber intervenido ante el desatino de Mota, normalmente neutro y sereno, que esta vez mostró sus malos sentimientos: un desalmado alegrándose de la desgracia del prójimo.
Si algo debe distinguir a los seres humanos es la solidaridad ante misterios insondables como la muerte. Festejar la muerte de un ser humano es una buena expresión de la barbarie.
Chávez murió, pero su legado está plagado de verborrea. No hay nada consistente y las palabras se las lleva el viento. Los venezolanos nunca dirán como los mexicanos: Juárez no debió de morir, ¡ay, de morir!
