¿Enseñar inglés, en chino?
El presidente Obama declaró que llegó el momento de la reforma migratoria. Peña Nieto ve con esperanza el plan.
México y Estados Unidos parecen alinearse en políticas prioritarias como no sucedía desde hace casi 12 años. Salvo la Iniciativa Mérida, algo vergonzante para nuestro país, nos trataban como menores de edad o pandilla de corruptos (no les damos dinero, sino balas o helicópteros). Desde el 11 de septiembre EU nos borró del radar. ¿Hasta donde tuvo que ver la tibia y tardía respuesta de Fox al ataque terrorista que llevó a George W. Bush a declarar que los mexicanos éramos solamente amigos de ocasión?
Ahora con el informe a la nación de Obama, regresa México al escenario estadunidense. Obama declaró que llegó el momento de la reforma migratoria. Peña Nieto dijo que veía con esperanza el proyecto. Las dos posiciones muestran signos alentadores. La de México es no dejar a los migrantes a su suerte y entender que vivan en Estados Unidos o en México, adquieran la nacionalidad estadunidense o mantengan la mexicana, se trata de mexicanos que integran la nación. Vivan en Connecticut o en Tlacochistlahuaca, México sigue con una responsabilidad moral de la misma manera que los migrantes seguirán siendo mexicanos, aun con pasaporte gringo.
El plan de Obama iba por muy buen camino, pues en su informe anunció que esperaría el trabajo apartidista de los legisladores para expedir inmediatamente la ley migratoria. Solamente que una filtración a la prensa enturbió el ambiente. Intencional o accidental, resulta que Obama había preparado un borrador con una propuesta de ley migratoria por si las moscas. Las moscas son la probable incapacidad de senadores y diputados para producir el ordenamiento migratorio. El sábado, el periódico de circulación nacional USA Today reveló las intenciones presidenciales.
Según la nota periodística, los migrantes tendrían que esperar cuatro años, los cuatro de Obama y los cuatro de su sucesor, para volverse residentes permanentes (la famosa green card). Marco Rubio (senador de Florida), la estrella republicana en materia migratoria, declaró que era un error no tomar en cuenta a los republicanos y que de darse la iniciativa, ésta llegaría muerta al Congreso. En la Cámara de Representantes los republicanos son mayoría, de manera que la amenaza puede cumplirse. En el fondo lo que sucede es que todos quisieran subirse al tren migratorio, particularmente después de la elección presidencial en que el voto “latino” (decía Manuel Alcalá, ex secretario de la Academia Mexicana de la Lengua que el último latino había vivido hacía siglos en Roma) fue clave en la elección de Obama.
Otra de las cuestiones filtradas es que en tanto pasan esos años, los migrantes ilegales podrían solicitar una visa de migración prospectiva antes de obtener el rango de residentes legales. Adicional y paralelamente habría un control más estricto en las fronteras, seguramente limitando la entrada de personas sin papeles, pero también de sustancias prohibidas, lo que sería deseable que ocurriera también de allá para acá y se controlara el tráfico de dinero y armas.
En el plan de Obama habría control de los empleadores para evitar que las empresas sigan contratando migrantes ilegales. Además un control previo para que los aspirantes pasen un escrutinio de seguridad nacional: que no hayan cometido delitos, que no hayan manejado automóviles bajo los efectos del alcohol (algo grave en Estados Unidos), paguen impuestos con multas y recargos y aprendan inglés. No habrán de admitir a quienes no dominen la lengua de ese país. Lo cierto es que, como van las cosas, si el plan se retrasa más años, después el requisito será que hablen español.
Lo anterior abre una magnífica oportunidad para la cancillería mexicana y para la red consular en EU. Promover desde ahora la enseñanza del inglés con el concurso de instituciones mexicanas —señaladamente la UNAM— que han recorrido un largo camino en la enseñanza del inglés como segunda lengua en EU. La televisión en español, los métodos de educación a distancia y simplemente el internet puedan ser vehículos clave en esta tarea. Si no lo hacemos los mexicanos para apoyar a los mexicanos que salieron, vendrán como siempre otros empresarios que verán en la enseñanza del inglés a millones un motivo para un magnífico negocio. Es probable que sean los chinos, que ahora todo lo hacen, quienes se encarguen de enseñar inglés a los migrantes, lo que no deja de estar —como decía Fox—en chino. Las instancias de filantropía y las fundaciones culturales tienen frente a ellas una tarea de importancia social, política y profundamente nacional. La respuesta mexicana puede allanar el camino que todavía falta recorrer.
