Divagar en el antes y el después en 2016
¿Cómo la ven desde ahí? Hay que calibrar el año oteando el cielo; en mi tierra dicen tentar el agua de los elotes, persignarnos, cumplir la promesa de ser mejores, de no permitir la envidia, exigirnos más en la disciplina y apurarse porque ya no hay tiempo… es más, el tiempo se acabó… es como aquella desgarradora canción: “cerraronel casino”.
Estamos empezando el último tiempo de nuestra generación, a la cual le ha ido bien: todos tenemos techo, cama y jorongo, y las viandas en la mesa. Claro, no es bastante pero es lo suficiente, y no quiero hoy hablar de quienes se han ido… Ahí estaba muerta, con su hermosura recuperada como si nunca hubiera envejecido. Blanca Haro Ulloa de Larrosa, siempre fue así nombrada. Nos pertenecíamos todos, los demás aportando hijos, quien esto escribe, perros. Recorrimos el mundo en una alegría joven única; no deseo hacer la enumeración de todos los cafés y restaurantes donde bebimos deliciosos tencuarnices (como decían los señores de antes), pero sí los negronis que nos echamos entre pecho y espalda en Florencia después de comprar “mis alfileres” con el dinero mandádome por correo internacional por José Luis Martínez, mi hermoso y delicioso amigo de tiempos lejanísimos…nunca tanta sorpresa, lo increíble… Y los transparentes y blancos menjurjes polacos en la sala de prensa de nuestros amigos periodistas varsovianos adonde nos llevó una helada noche Edmund Osmańczyk después de nuestro promenade por la orilla del río, donde están las lápidas mortuorias de los hombres patriotas allí fusilados por los nazis durante la ocupación… Y los coñaquitos de la casa de Felguérez, joven joven, con Lilia Carrillo, su esposa, la prodigiosa pintora muerta a deshoras del tiempo, como lo acostumbra la del “rubor helado”, y tantos cuates en “los empezando”…
Lo más espantoso de crecer (tal decíamos los niños de antes) es pensar que no volveremos a hacer tantas conjugaciones de aquel porvenir que predecía Elena Garro cuando andaba huyendo Lola… (y la saco a colación ahora, en mis primeras letras del 16 —niño jugando con un aro—, porque ayer leí un divino poema de Elena a su gatita Lola que acababa de morir después de quince años de amor)… Por ejemplo, mirar durante horas Central Park desde una ventana de privilegio en un hotel jamás imaginado, ofrecido por Castillo Pesado. Lo malo de esas maravillas es que ya no quiero ir a ningún lado neoyorquino, a menos que fuera aquella felicidad brindada a su vez por Bartolí, el José que vivía entonces en el Village y se desprendía de su esquina incomparable para llevarnos a comer albóndigas con macarrones de sabor novelesco… Bartolí era feliz de vernos gozosos colmando nuestra hambre de pareja joven en el viaje a la ciudad estudiada en cada libro del librero apretado de la casa en el Paseo de la Reforma, donde quizá ya había nacido nuestro primer perrito Lord Koechel… Eso también en el “por ejemplo” no volver a oírlos contar la guerra que vivieron, tanto Osmańczyk, periodista de guerra reporteando la entrada del ejército ruso a Berlín y al meritito búnker de Hitler donde, por cierto, encima del escritorio de su despacho estaba la etiqueta para pegar en los botes de ¡“zyklon”!, el gas de la muerte en los campos de exterminio…, como Bartolí en su España de la guerra civil, apresado en un campo de concentración alambrado y bajo nevadas terroríficas…
Lo imposible de repetir dado este otro tiempo que nos tocó vivir en el gran misterio que es la vida. No cabe duda de la inexorable, en fines y principios de año, necesidad que el ser humano tiene de meditar sobre su existencia propia y de lo posible realizable en el resto que le queda allí (como los tres pesos de Bartola para pagar la renta, el teléfono y la luz…). Este cacho del 15 innovando el nuevo siglo no se vuelve disperso de mi parte, lo que pasa es la urgencia por deshacer los entuertos de tanto sufrir y brincotear resumiendo lo sucedido antes y el diluvio que viene de hoy en adelante. Por ejemplo —otro— tengo que presentar un libro sobre Lucero Isaac, otra figura muy querida de mi pasado, y dar una conferencia en Bellas Artes en el ciclo “Mujeres que escriben” acompañada por Marcela del Río (y sigo en el ayer y el ahora, perdón). Así pues me inclino ante usted que me lee y le pido a Dios nos dé la salud, el dinero y si a usted le interesa igualmente el amor. ¡Feliz año!
