La paradoja de Shylock

Finalmente, tal como estaba previsto, anteayer domingo se celebró en Grecia el referéndum al cual fue convocada la ciudadanía para pronunciarse acerca del plan de austeridad propuesto por los acreedores internacionales. Tal plan había sido presentado a modo de condición sine qua non para que dichas entidades aceptaran proceder a un tercer rescate financiero de la muy resquebrajada economía helena.

Lo que no estaba previsto era que el rechazo a la oferta de la famosa Troika fuera de tal magnitud. La práctica totalidad de las encuestas previas a la consulta vaticinaban un resultado muy ajustado entre el nai, Sí y el oxi, No (curiosamente ni uno ni otro los escribimos con y griega), algunas incluso otorgaban una ligera ventaja al Sí.

Al final el No obtuvo más del 60% de los sufragios, concediéndole con ello un aval importantísimo al Primer Ministro Alexis Tsipras, adalid del abierto desafío a la comunidad financiera europea e internacional. Muestreos posteriores indican que el 70% de los que votaron el audaz, y no por ello menos imprudente, No, tienen menos de 30 años. Es natural diría yo.

Y es natural porque tal negativa equivale a una auténtica declaración de guerra. Y es verdad sabida que son los jóvenes los que se sienten apasionada e irreflexivamente atraídos por los fregadazos. Se trata de un remake del célebre episodio bíblico de David y Goliat. Y enfervorecidos por su también joven paladín están convencidos de poseer la honda que los llevará a la victoria.

Aunque, ya puestos a remitirnos a viejas fábulas, sugiero que a lo mejor la que más conviene hoy en día a los herederos de Aquiles, es la del Flautista de Hamelin, a pesar de no estar en las Sagradas Escrituras, y de que más de un griego podría sentirse ofendido por verse comparado con un ratón embelesado, conducido y embaucado.

Y es que en el momento de teclear estas líneas las cosas no están claras. El encuentro cimero entre las dos partes beligerantes se producirá apenas hoy martes, y es probable, ávido lector, que en el momento de leerlas, usted ya conozca el resultado, por confuso y provisional que sea.

Quienes tienen en su poder el grifo de los morlacos son los señores de la Troika. Pero los habitantes de la Península Balcánica tienen más de un as bajo la manga. Por un lado saben que difícilmente Europa provocaría la quiebra de Grecia y su salida tanto de la Unión como de la Zona Euro. Primero, porque los acreedores se quedarían sin cobrar, y ya sabemos que el lema de los agiotistas es “de lo perdido lo que aparezca”. Algo es algo. Es la que ahora bautizo como “la paradoja de Shylock”, o de Scrooge, tal vez. Déjeme lo pienso. Pero además su expulsión equivaldría a arrojar a los insumisos a las garras de Rusia y/o China, que ya se están relamiendo.

Además -éste es el más retorcido de los argumentos de Syriza- a partir de este domingo, la moratoria y la decisión de no pagar, ya no le pertenece exclusivamente a él sino que corresponde a la “voluntad democrática” del pueblo. Y contra la democracia ni quién se ponga al tiro. Por más que esa voluntad sea la desvergonzada decisión de no pagar lo que en un momento dado te prestaron y ahora debes. “Debo no niego, pago no tengo”, o lo que es más crudo: “No quiero”. Y a ver cómo le haces.

Hay algo profundamente perverso en ello. Piénselo así: del total de 360 mil millones de euros que deben los griegos, 70 mil provienen del erario alemán. Es decir que a cada ciudadano germano le costó unos 900 euros la ayuda a los helenos en aprietos. Y resulta que, por “determinación democrática”, estos últimos deciden por sus güevos que se frieguen los teutones, se queden sin sus 900 euros y con un palmo de narices. Quién les manda ser nazis. La voluntad del pueblo (griego) es sagrada, qué chingaos.

Los gobiernos anteriores no habían recurrido a tales chapuzas. El último periodo de Papandreu, en particular, fue mucho más serio y respetable, a pesar de que los especuladores de toda laya lo estrangularon.

Papandreu obtuvo buenos resultados en la administración pública. Vislumbró incluso cambios audaces teniendo el objetivo de incentivar ahorros. Aunque con tales operaciones facilitó aumentar libremente las inversiones deficitarias oportunistas, concitando convenios catastróficos.

La solemne declaración del actual Primer Ministro, una vez conocido el resultado, no deja lugar a dudas: “El referéndum del 5 de julio quedará en la historia como el único momento en el que una pequeña nación europea se levantó contra el esclavismo por deuda. Como todas las luchas por los derechos democráticos, este histórico rechazo al ultimátum recobra la dignidad de nuestro pueblo”.

Bravo. A tal ultimátum, Tsipras responde con su propio ultimátum. Aunque a este estira y afloja le queda aún mucha cuerda. Se trata más bien de un penultimátum.

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