Siria: ¿antesala nuclear?
Un ataque estadunidense y de la OTAN contra Siria será, nuevamente, una moneda en el aire.
Cada guerra supuestamente regional o limitada, conlleva el peligro del uso de armas nucleares, de manera intencional, o por error. Estados Unidos parece decidido a ignorar los riesgos y las advertencias: según algunos analistas y observadores, la impunidad con la que Israel llevó a cabo un ataque aéreo contra Siria —en flagrante violación del derecho internacional—, debe abrir el camino para una intervención estadunidense, con el pretexto del empleo de armas químicas, una línea roja que, según advirtió el presidente Barack Obama, no debía ser cruzada.
Poco importa que los principales sospechosos de recurrir a las armas químicas, sean los rebeldes fundamentalistas, entre ellos mercenarios de diversas nacionalidades, financiados, entrenados y armados por Washington y sus aliados de la OTAN. Menos, todavía, que la violencia, la muerte y la destrucción sufrida por la población civil siria, haya sido ocasionada en su mayor parte por las mismas bandas sectarias.
Israel posee un importante arsenal nuclear, fuera de todo control y verificación. Estados Unidos le garantiza la total impunidad; y mientras agrede permanentemente a Irán, porque le atribuye la intención de fabricar armas nucleares, aunque el gobierno iraní haya negado esa posibilidad de manera constante y coherente, permite que la camarilla en el poder en Israel, eluda las instancias de supervisión internacionales, como la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA).
Un ataque estadunidense y de la OTAN contra Siria, será, nuevamente, una moneda en el aire. Las cosas pueden resultar a satisfacción de la maquinaria industrial-militar del Occidente, como sucedió en Irak, Afganistán, Libia. Pero también existe la posibilidad de que algo escape a la planeación estratégica y surja la detonación nuclear; el hongo que pondrá en riesgo a todo el planeta.
Hablar de las consecuencias humanitarias de una o varias explosiones nucleares, no es algo nuevo. El tema surgió y se mantiene, aunque muchas veces relegado, desde 1945, cuando se conocieron los devastadores efectos de los bombardeos atómicos a Hiroshima y Nagasaki. El uso de armas nucleares en la actualidad, acarrearía una destrucción masiva, muerte, enfermedades y daños de largo plazo al género humano y al medio ambiente. Y recuérdese: hablamos de un conflicto regional, no de la guerra del fin del mundo.
A la vista de lo anterior, resulta incomprensible que esas armas no hayan sido prohibidas y declaradas ilegales desde hace tiempo. Hay que insistir tantas veces como sea necesario: el tema de las armas nucleares debe ser una preocupación universal. Sus catastróficas consecuencias sobre la salud, el medio ambiente y el desarrollo, vienen al final de una cadena de violencia armada que socava la seguridad humana; por lo que el impacto potencial de una detonación o varias, afectará a todas las naciones, en particular aquellas, como México, que han denunciado permanentemente la mayor amenaza de la historia.
Existen en todo el mundo estudios científicos sólidamente fundamentados acerca del impacto sanitario, el ambiental y el climatológico de una guerra nuclear regional y sus consecuencias en la agricultura y como disparador de una hambruna generalizada. Pero también deben tomarse en cuenta sus repercusiones en la economía y el desarrollo, un aspecto que hasta ahora se ha discutido escasamente.
Una explosión nuclear en un área poblada, implicaría un desafío colosal al desarrollo económico global. Independientemente de los recursos públicos que han sido desviados para la producción, la acumulación, el despliegue y la modernización de las armas nucleares, el estallido de una sola de ellas en el territorio de cualquier nación, representaría costos por lo menos equivalentes, pero casi seguramente superiores, a los de un desastre natural en gran escala.
Sólo un ejemplo, por lo pronto: en una zona urbana metropolitana, los costos de la destrucción inmediata podrían fácilmente ascender a decenas de miles de millones de dólares. Habría pérdida de utilidades, de empleos, de horas de trabajo; y una economía desquiciada desde su raíz.
