Ginebra: énfasis en la vida

La Declaración de los países contra las armas nucleares plantea que una detonación frenará el desarrollo socioeconómico.

GINEBRA, Suiza.— La Segunda Sesión del Comité Preparatorio de la Conferencia de Revisión del Tratado de No-Proliferación de las Armas Nucleares (TNP) se lleva a cabo en el Palacio de las Naciones, con la asistencia de 96 países signatarios, así como organizaciones internacionales y de la sociedad civil. Terminará el viernes próximo, 3 de mayo.

En buena medida, la atención estuvo enfocada en el tema de cuántos estados firmarían una Declaración Conjunta sobre el Impacto Humanitario de las Armas Nucleares, promovida por varios gobiernos y, muy señaladamente, el mexicano; y propuesta por Sudáfrica como representante de los promotores.

A medida que más y más naciones se sumaban al grupo, hasta llegar a 78, quedaba claro que el alto nivel de participación y los argumentos en la Conferencia Internacional sobre el Impacto Humanitario de las Armas Nucleares, auspiciada a principios de marzo, en Oslo, por el gobierno de Noruega, habían dejado una impronta insoslayable.

Además, la sociedad civil, en las filas de la Campaña Internacional para Eliminar las Armas Nucleares (ICAN, por sus siglas en inglés), así como en otras redes internacionales, como No a la Guerra-No a la OTAN, coordinó el trabajo de activistas de América Latina (entre ellos el autor de estas líneas, como representante del Círculo Latinoamericano de Estudios Internacionales); África, Asia-Pacífico y Europa.

Luego de que el jefe de la delegación de Sudáfrica, embajador Abdul Minty, leyó con voz sonora y emocionada la lista de copatrocinadores de la declaración, la Sala de la Asamblea del histórico Palacio de las Naciones estalló en aplausos. La “iniciativa humanitaria” (como fue denominada por el presidente de la reunión del TNP, el rumano Cornel Feruta) se basó en la declaración de las 16 naciones, coordinada por Suiza en la reunión de 2012 del TNP en Viena.

Los copatrocinadores habían aumentado a 35 cuando se propuso una declaración similar ante la Primera Comisión de la Asamblea General de la ONU, en octubre de 2012; a su vez retomada por la Conferencia de Oslo, en la que participaron 127 naciones y numerosas organizaciones internacionales.

El embajador Juan José Gómez Camacho, representante permanente de México ante las Naciones Unidas en Ginebra, subrayó con palabras directas y firmes la amenaza de la catástrofe humanitaria que provocaría el uso, deliberado o accidental, de las armas nucleares. Anunció además la conferencia de seguimiento en México en 2014, que continuará los trabajos de la Conferencia de Oslo, cuyo fin último es lograr el tratado de proscripción y eliminación.

También hizo notar los obstáculos que insisten en colocar algunas potencias nucleares en el camino del desarme total y definitivo, lo cual redunda en la desesperante lentitud del proceso dentro del TNP; y dejó para reflexión del auditorio global una frase redonda, definitiva: “No dejaremos de insistir en que lo que no existe, no puede proliferar ni dañar”. La política exterior mexicana recuperó su proyección global, en un entorno de prestigio que comienza a consolidarse a partir del 1 de diciembre de 2012.

La Declaración de los 78 plantea que “más allá de la muerte inmediata y la destrucción causadas por la detonación, el desarrollo socioeconómico se verá frenado, el medio ambiente será destruido y las generaciones futuras serán despojadas de la salud, los alimentos, el agua y otros recursos vitales”; por lo cual “es en interés de la propia supervivencia de la humanidad que las armas nucleares no se utilicen nunca más, bajo ninguna circunstancia”.

Las cuatro quintas partes de los países presentes en Ginebra apoyaron la declaración sobre la catástrofe humanitaria que implica el empleo de armas nucleares. Falta camino por recorrer; la conferencia de México será una escala fundamental, como también las negociaciones positivas para la reducción de los arsenales nucleares de EU y Rusia —los más importantes— en el marco del Nuevo START, acerca de lo cual hablaron positivamente los principales negociadores, la estadunidense Rose Gottemoeller y el ruso Anatoly Antonov.

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