Cuenta regresiva nuclear

La firme decisión de la sociedad civil, para acelerar el proceso de eliminación de las armas nucleares, ha sido fortalecida.

OSLO.— Un movimiento global para suprimir definitivamente las armas nucleares, declararlas ilegales y prohibidas, ha cobrado fuerza en Noruega, pese a que este país escandinavo es miembro de la OTAN y se encuentra bajo la dudosa protección del paraguas nuclear estadunidense. Dos acontecimientos fundamentales definen el rumbo: el Foro de la Sociedad Civil y la Conferencia Internacional sobre el Impacto Humanitario de las Armas Nucleares.

El Foro, convocado por la Campaña Internacional para la Eliminación de las Armas Nucleares (ICAN, por sus siglas en inglés), tuvo lugar los días 2 y 3 de marzo y reunió a más de 400 participantes de 70 países, decididos a movilizar un apoyo social masivo para que los gobiernos de todo el mundo reciban el mensaje: es tiempo de prohibir la bomba. Y de hacerlo ya.

El 4 y el 5 sesionó la conferencia gubernamental, a la cual no asistieron las cinco potencias nucleares oficiales (P5), que son asimismo miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En una explicación ofrecida tanto a la sociedad civil como al gobierno de Noruega, las P5 intentaron justificarse con el endeble argumento de que su prioridad en estos momentos es la no proliferación nuclear, en vez del desarme.

Representantes latinoamericanos con los que conversé en el marco de la conferencia gubernamental, me dijeron que además del error táctico y estratégico de las potencias nucleares, su ausencia fue más bien una buena noticia para el resto de los países, que pueden así avanzar con mayor rapidez hacia una convención internacional que prohíba las armas nucleares, incluido su tránsito fuera de fronteras nacionales; con ello, los poseedores de arsenales de esta índole, quedarían irremediablemente aislados y arrinconados.

La firme decisión de la sociedad civil, para acelerar el proceso de eliminación de las armas nucleares, fue fortalecida por los estremecedores testimonios de los sobrevivientes de Hiroshima y Nagasaki, los heroicos hibakusha, cuyas voces conmueven siempre, indignan y motivan; así como por la información científica y técnica acerca de los efectos devastadores, médicos, sociales, climatológicos, de hambruna y destrucción generalizada, que resentiría el mundo entero, incluso en el caso de una guerra nuclear regional y teóricamente limitada.

Tony Robinson, portavoz internacional de Mundo sin Guerras ni Violencia, comentó que los simuladores científicos para proyectar las consecuencias de una detonación nuclear, intencionada o accidental, “son solamente eso, modelos, pero como los propios especialistas lo subrayan, sus cifras resultan siempre subestimaciones de lo que podría ser la realidad… además de que se trabajan a partir de la detonación de una pequeña fracción de las 19 mil cabezas nucleares existentes”.

Tomas Nash, de la dirección colectiva de ICAN, resumió así la actividad del Foro: “Hemos alcanzado mucho… Veníamos insistiendo en que los gobiernos deben enfocar su prioridad en el impacto humanitario de las armas nucleares y 130 delegaciones gubernamentales se reúnen en Oslo a discutir precisamente esto…”

En la conferencia gubernamental, Anne Lice Hernández Alba, coordinadora de Apoyos y Enlace Interinstitucional de Protección Civil de la Secretaría de Gobernación, integrante de la delegación de México, planteó una reflexión que encontró eco generalizado: si bien es necesario tener planes de contingencia para hacer frente a las catástrofes naturales, resulta aberrante pensar siquiera en otro tanto ante el impacto catastrófico de una detonación nuclear, accidental o deliberada. “Es perverso y criminal que siga habiendo armas nucleares”, puntualizó.

Los temas de la conferencia ameritan un comentario más extenso, que habré de preparar para mi próxima entrega, mientras salgo de Oslo rumbo a Bruselas y de ahí a Gante, con el propósito de participar en otra reunión de la sociedad civil internacional, dentro del Comité Coordinador de la Red No a la Guerra-No a la OTAN, el cual decidirá acciones importantes durante 2013, relacionadas en buena medida con el desarme nuclear.

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