Mali: neocolonialismo voraz
La disputa por África encuentra a Europa y Estados Unidos en una fiebre de apropiación de los recusos naturales.
La intervención francesa en Mali, así como las operaciones militares y de inteligencia de Estados Unidos en la región, carecen de toda intención humanitaria, de apoyo a la democracia o de combate a una cada vez más difusa amenaza terrorista internacional. El propósito de estas acciones en la región del Sahara-Sahel, que involucran no solamente al gobierno presuntamente socialista de Francia como instrumento de la acción hegemónica estadunidense, sino a la cada vez más globalizada OTAN, busca asegurar el acceso permanente a los minerales, el petróleo, el gas y las tierras fértiles de África
El presidente francés, François Hollande, aprovechó el pretexto de una solicitud de auxilio de un gobierno cuya apariencia civil apenas disimula su procedencia golpista, bajo los auspicios de Washington. Se trata de controlar el uranio y el petróleo de Nigeria, el oro de Mali, el gas natural de Argelia, los fosfatos del Sahara Occidental y las tierras fértiles de Costa de Marfil, altamente productivas.
Parecería que la actual situación de África reproduce lo que ocurrió a fines del siglo XIX y principios del siglo XX, cuando las potencias colonialistas europeas se dividieron ese continente con la despótica arbitrariedad de los poderosos. Ahora, la disputa neocolonialista por África encuentra a Europa y Estados Unidos en una fiebre de apropiación de los recursos naturales, en perjuicio y en contra de la voluntad de los pueblos africanos.
La farsa de una intervención humanitaria francesa, con el pleno apoyo —principalmente financiero, logístico y de inteligencia—de Washington, debiera ser evidente para cualquier observador informado. Francia, que tuvo un extenso imperio colonial en África, nunca se retiró realmente después de reconocer la independencia de los nuevos países durante la década de los 60. Intervino militarmente 19 veces entre 1962 y 1995; por momentos, se creyó que Chad sería su Vietnam.
Las intervenciones más recientes habían tenido lugar en Costa de Marfil, Chad y la República Centroafricana, hasta que el 23 de enero se dio a conocer que fuerzas especiales francesas habían sido enviadas para proteger a la empresa privada Areya, dedicada a la explotación minera de uranio… en un país vecino: Níger. El uranio procedente de Níger alimenta los reactores que proveen 75% de la electricidad de Francia.
El conflicto interno en Mali no es sino reflejo de la prepotencia colonialista: las fronteras de los que serían con el tiempo países independientes, fueron trazadas conforme a los intereses administrativos de las potencias ocupantes, sin respetar la realidad étnica, geográfica, cultural, comunitaria, de los pueblos afectados. Los tuareg, por ejemplo, un pueblo con identidad incuestionable, fueron repartidos entre Mali, Níger, Chad, Argelia y otros países fronterizos con el Sahara.
Rebeliones tuareg, como la que sirvió de pretexto para la intervención francesa, junto con la acción del grupo fundamentalista islámico Ansar Dine, se han registrado periódicamente en oposición a la política francesa de extraer el uranio mediante procedimientos que afectan la salud de la población local y disminuyen su esperanza de vida. Si bien los tuareg tienen como meta la independencia, otras etnias minoritarias se oponen a ella. Tal es el legado del colonialismo.
Desde que George W. Bush declaró la “guerra contra el terrorismo” por los atentados del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos sigue recurriendo al fundamentalismo islámico para justificar su política de dominio hegemónico global, con la participación cómplice de sus aliados europeos y la OTAN. Tanto Washington como París, aseguran que Ansar Dine tiene vínculos con Al-Qaeda, teoría que ha sido desmentida puntual y rigurosamente por estudiosos del tema, como Salma Belaala, de la Universidad de Warwick, Reino Unido.
El Comando África de Estados Unidos (AfriCom), cuya sede actual es la ciudad alemana de Stuttgart, ha enviado tropas a 35 naciones africanas con diversos pretextos de cooperación. La operación neocolonial está en marcha con toda voracidad.
