Lo sabían desde hace 30 años
Cuando el dinero se destina a la investigación científica para ayudar a resolver las distintas problemáticas por las que atraviesa la humanidad, o bien, se emplea para la prevención de futuras calamidades, podemos decir que esos recursos han sido la mejor inversión del mundo, pues, al corto o largo plazos, rendirán frutos y, por lo tanto, habrá un beneficio común
En el tema del cambio climático, los esfuerzos conjuntos entre paneles científicos, instituciones multilaterales, gobiernos, así como sectores empresarial, financiero, académico y organismos no gubernamentales han sido fundamentales para trazar las rutas hacia economías descarbonizadas, porque, de seguir por el mismo camino de la quema de los combustibles fósiles, el planeta ahora sí que estaría desahuciado.
La prueba es que, tras más de dos décadas de negociaciones ríspidas, en 2015 se logró el Acuerdo de París, con el cual el mundo ya tiene esa hoja de ruta indispensable para evitar que el planeta se siga calentando y, con ello, vengan consecuencias aún más catastróficas.
Pero, ¿cómo debemos reaccionar al enterarnos de que una de las petroleras más grandes del planeta, que destinó recursos para la investigación sobre el cambio climático, ocultó por más de tres décadas información valiosísima sobre sus efectos y consecuencias? ¿Cuál era el papel de la empresa en este fenómeno de origen antropogénico?
Resulta que, a mediados de la semana pasada, pocos medios, entre ellos The Washington Post, retomaron la investigación periodística de Jelmer Mommers, reportero especializado en clima y energía del portal de noticias holandés De Correspondent.
Mommers dio a conocer que la Royal Dutch Shell, en la década de los años 80, ya comprendía la gravedad del cambio climático, lo complejo que sería frenarlo, así como la propia contribución de la compañía.
Descubrió un informe marcado en la parte superior como “confidencial” y titulado The Greenhouse Effect (El efecto invernadero), el cual fue completado en abril de 1986 por un grupo de trabajo de la Health, Safety and Environmental Division de Shell y presentado en mayo de 1988.
El estudio dice que la compañía, en ese entonces, ya abonaba con 4% del total de las emisiones globales de dióxido de carbono a través de sus productos: petróleo, gas natural y carbón.
No sólo eso. Advierte que mientras más aumenten las emisiones de gases de efecto invernadero más subirá la temperatura del planeta y provocará impactos climáticos devastadores, además: “Se prevé que cualquier cambio climático relacionado con el CO2 no será detectado hasta antes de fin de siglo. Con periodos de tiempo muy largos, para la sociedad sería tentador esperar hasta entonces antes que hacer nada. Sin embargo, las implicaciones potenciales para el mundo son tan grandes que las políticas deben considerarse mucho antes. Y la industria energética necesita prever cómo debe jugar su parte”.
Otro dato importante que habría servido para frenar el calentamiento global muy a tiempo, fue que en 1981 la empresa sabía que 44% de las emisiones de CO2 provenían del petróleo, 38% del carbón y 17% del gas natural.
Así, de acuerdo con el estudio, el cambio climático afectaría a las personas, el suministro de alimentos y agua, con ello vendrían consecuencias negativas en lo social, lo económico y lo político. De hecho, ya daba visos de lo que hoy conocemos como desplazados climáticos.
Y no es la única investigación periodística de Mommers sobre Shell.
En febrero de 2017, el reportero publicó también en De Correspondent que Shell había realizado un documental educativo sobre el cambio climático en 1991 titulado Climate of Concern.
Este material da cuenta de que la quema de combustibles fósiles está propiciando condiciones climáticas extremas (como los huracanes), inundaciones, crecimiento del nivel del mar, erosión en las costas, hambrunas y abiertamente menciona a los desplazados climáticos.
Lo más interesante y curioso del documental —que puede encontrar en YouTube— es que menciona los beneficios que traería la inclusión de las energías renovables, como la solar, para atajar el cambio climático.
El documental, al igual que el informe de 1988, fueron respaldados por grupos científicos, a los cuales destinó para su realización algunos millones de dólares.
¿Y qué hizo Shell en todo este tiempo? ¡Ocultó esa información para proteger las ganancias y frenar la ciencia del clima!
Baste recordar que la holandesa formó parte de la desaparecida Coalición Global del Clima, un grupo de industrias que negó el cambio climático, se opuso a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y, por supuesto, estuvo en contra del Protocolo de Kyoto.
Qué más sorpresas podemos esperar de los gigantes petroleros, si también Exxon, desde la década de los años setenta, conocía sobre los impactos del cambio climático y lo ocultó por años.
Esperemos que ya llegue el momento en que las grandes petroleras del mundo usen ética y transparentemente los hallazgos que la ciencia del clima trae.
