La economía se torna verde
La agenda verde está ganando terreno y todos debemos tomar nota de ella. Porque muchas de nuestras decisiones pueden generar costos e impactos, por lo general, negativos para el ambiente, queramos o no. Subirse al auto para ir al trabajo, la escuela o cualquier destino implica un costo individual, como pagar por la gasolina, y a la vez tiene un costo social: contaminación del aire y emisiones que, al quedar en la atmósfera, desestabilizan el clima.
También hay decisiones positivas, como comprar un híbrido o eléctrico. Caminar o usar la bicicleta —ojalá así sea— para aquellos afortunados que su principal destino está cerca del hogar.
Pero hay otros a los que quizá no les queda de otra que usar el auto —sean conscientes o no de que su uso impacta negativamente el ambiente— porque el sistema de transporte público es insuficiente, inseguro y contaminante o porque no existe una red metropolitana que conecte eficientemente una zona conurbada con una ciudad. Ahí la omisión de los gobernantes no sólo abona a la crisis climática, sino también a un problema severo de movilidad. Pero el transporte es sólo uno de los varios problemas.
Hay que sumar que el crecimiento económico de varias naciones, a través de diversos sectores, aún es impulsado por actividades ligadas a los combustibles fósiles.
Hay gobernantes que no piensan que, a medida que las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) continúan creciendo, el cambio climático sigue avanzando.
Así, la decisión de recortar las emisiones queda en último plano. Porque su atención está enfocada en aquello que deja obra visible.
Eso es terrible para el bienestar de los gobernados.
Y lo es porque la tecnología verde disponible sí es visible y lo mejor es que con ésta es posible lograr un crecimiento económico rápido, seguro y con reducción de emisiones de GEI.
Tal pareciera que sólo a unos cuantos líderes, organismos internacionales y multilaterales, científicos y sociedad organizada les preocupa y se ocupan en buscar los caminos correctos para frenar mayores catástrofes climáticas, que tendrían costos elevadísimos para las personas y sus medios de subsistencia, así como para la madre naturaleza.
Por ello, hay que destacar el informe 10 señales evidencian que la economía verde está en camino, del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés), dado a conocer en los últimos días de enero pasado.
Las primeras cinco señales son: 1) el principio del fin de los fósiles; 2) los sectores de la economía verde superan a los impulsados por los combustibles fósiles; 3) los sectores verdes están creando más empleos; 4) reducción de los subsidios públicos a los combustibles fósiles, y 5) las finanzas se vuelven más verdes a medida que los inversionistas toman en cuenta el cambio climático y lo ven como oportunidad.
Grosso modo, estas primeras señales indican que tanto petróleo como carbón ya muestran disminuciones y pérdidas; y lo más destacable es que, de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo, la transición verde para luchar contra el cambio climático generará 18 millones de empleos para 2030.
Tampoco debemos perder de vista que en 2017 se invirtieron 280 mil millones de dólares en energía renovable; en contraste, en el mismo año se invirtieron 103 mmdd en plantas de combustibles fósiles.
Datos para no echar en saco roto.
Las cinco señales restantes son: 6) los objetivos basados en la ciencia serán la nueva normalidad para las empresas; 7) la energía renovable se dispara a un ritmo sin precedentes; 8) las ventas de vehículos eléctricos están en auge; 9) la agricultura sostenible ya supera a la convencional, y 10) el potencial de desarrollo a través de la economía circular.
La penúltima señal es fundamental, pues está relacionada con la seguridad alimentaria.
Esto es, la agricultura sostenible protege el planeta y a la vez que produce más alimentos para las personas, también crea más empleos.
La información está disponible para todos. Sería deseable que más de un gobernante la analizara para hacer cambios en sus políticas públicas.
Estamos a casi nada del punto sin retorno en materia de cambio climático.
Los hechos no mienten: científicos de la NASA y de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica informaron el miércoles pasado que en 2018 la temperatura promedio de la superficie de la Tierra fue la cuarta más alta en casi 140 años de registro y la correlación con los niveles crecientes de GEI es más que clara.
Lo que le hemos hecho al planeta es criminal. Cada decisión tomada por gobernantes y sociedades hará la diferencia entre un mundo habitable o uno devastado.
Todos debemos de actuar para proteger el ambiente de los costosos impactos del cambio climático. Porque la economía verde no es responsabilidad de uno solo.
