Woody Allen: una lección de vida
Allen, como muchos personajes en sus películas, es un tipo muy complejo en su vida personal, por decir lo menos. Ha tenido muchas relaciones amorosas, incluyendo a Mia Farrow. Ella tenía una hija adoptiva de nombre Soon-Yi. La relación de la pareja terminó cuando un día Farrow descubrió fotografías que había tomado Woody de Soon-Yi desnuda.

Leo Zuckermann
Juegos de poder
Nueva York.- Confieso que soy fan de Woody Allen. Cuando vivía en esta ciudad, siempre lo quise ir a ver tocar el clarinete junto con su banda de jazz. En aquel entonces tocaba en un lugar que, si no mal recuerdo, se llamaba el Michael’s Pub. Desgraciadamente el presupuesto de un estudiante de posgrado nunca me alcanzó para darme ese lujo. Luego traté de ir a verlo cuando visitaba Nueva York, pero nunca tuve la suerte de que en esas fechas tocara. Hasta este lunes, en que finalmente se me hizo verlo en el café del Hotel Carlyle en Manhattan. Y el buen Woody nos dio una lección de vida a sus espectadores.
Resulta que el director de cine está por cumplir 80 años el próximo 1 de diciembre. No obstante, a su edad sigue dirigiendo una película por año, escribiendo guiones y ensayos y tocando jazz con su banda. Ciertamente no es un virtuoso del clarinete. Por su edad, a veces no alcanza los tonos. Pero resulta un gran espectáculo el verlo. He ahí, sentadito, a una de las grandes leyendas del cine mundial.
Allen llega en punto de las 8:45 pm cuando los otros seis miembros de su banda ya están en el escenario. Entra discretamente por la puerta de atrás. Se sienta, se quita el suéter, se saca sus dos aparatos auditivos de cada uno de sus oídos, saca su instrumento del estuche y, entonces, sin más preámbulo, comienza la música. Es evidente que Woody es una persona reservada y penosa. En ningún momento voltea a ver al público. Cuando no está tocando el clarinete, baja la mirada.
¿Cuántas personas de esa edad tan avanzada tienen el ánimo y la energía para ir a tocar una hora y media el clarinete en un lugar público? ¿Cuántos siguen ejerciendo su profesión con tanta pasión y calidad como él? Es una lección de vida: cuando uno hace lo que le gusta, se muere haciéndolo hasta el último día.
Ahí está el gran Woody tocando blues y jazz. En algún momento el trombón y la trompeta se retiran. El único instrumento de viento que queda es el de Allen. Se echa, entonces, unos solos. Termina la función. El público pide más. En lo que limpia su clarinete, se pone el suéter y se coloca sus aparatos auditivos, el gran director canta junto con su amigo del banjo. Apenas se oye su voz. Es un murmullo tranquilo y meloso como el de un adorable abuelito. Muy diferente a la que tenía cuando era joven, época en la que contaba chistes como comediante y en sus memorables diatribas en Annie Hall o Manhattan.
Sé que Allen es un personaje controversial. Que hay gente que no lo quiere por una terrible historia personal: el alegato de una de sus hijas, quien afirmó que abusó sexualmente de ella cuando tenía siete años y la respuesta del director señalando que, en realidad, su madre, la actriz Mia Farrow, le lavó el cerebro a su hija.
Allen, como muchos personajes en sus películas, es un tipo muy complejo en su vida personal, por decir lo menos. Ha tenido muchas relaciones amorosas, incluyendo a Mia Farrow. Ella tenía una hija adoptiva de nombre Soon-Yi. La relación de la pareja terminó cuando un día Farrow descubrió fotografías que había tomado Woody de Soon-Yi desnuda. Allen, entonces con 56 años de edad, confesó que él y la joven de 20 años estaban enamorados. A la postre, el director se casó con Soon-Yi y adoptó dos hijos. Siguen juntos a la fecha.
Claustrofóbico, agorafóbico y freudiano confeso, Allen es, sin duda, un artista que, a sus casi 80 años de edad, va con sus cuates a tocar jazz para placer de sus admiradores. Una lección de vida. Por lo menos para mí.
Twitter: @leozuckermann