Realidades y ficciones

En mi niñez, los juegos de espejos me generaban sentimientos encontrados, esa fascinación por entrar en un mundo de imágenes distorsionadas en el que lo mismo podía verme gigante, enana, gorda o totalmente distorsionada; sin embargo, una parte de mí tenía miedo de que ...

Kimberly Armengol

Kimberly Armengol

Rompe-cabezas

En mi niñez, los juegos de espejos me generaban sentimientos encontrados, esa fascinación por entrar en un mundo de imágenes distorsionadas en el que lo mismo podía verme gigante, enana, gorda o totalmente distorsionada; sin embargo, una parte de mí tenía miedo de que uno de esos espejos en los que me veía deforme estuviera mostrando mi imagen real.

Durante los últimos años, cuando veo encuestas me sucede algo muy similar, puesto que veo imágenes distorsionadas de la realidad mundial y no sé si alguna de ellas sí muestra la imagen real del evento que se trata de anticipar.

El poll of polls que hicieron los medios de Estados Unidos hacía ver ganadora a Hillary Clinton cuando en realidad era un enano electoral en contra del actual Presidente de Estados Unidos. Ese sondeo le daba a la candidata demócrata más de 80 por ciento de posibilidades de ganar las elecciones el mismo día de las votaciones.

No hubo una sola encuesta en Europa ni en Reino Unido que anticipara que la mayoría de los habitantes de ese país decidirían abandonar la Unión Europea. La diferencia entre el promedio de las encuestas y el resultado varió en 17 por ciento. Encuestas de medios sumamente serios de Colombia consideraban que el Plebiscito por la Paz tendría una muy gorda aprobación cuando, en realidad, era 32 por ciento más delgado.

Ante esta realidad habría que preguntarse qué ha pasado con las encuestas como herramientas para medir no sólo el humor social, sino las intenciones futuras de las personas. Quizá la primera respuesta tiene que ver con el hecho de que se han convertido en un mecanismo obsoleto. Hace unos días, alguien me dijo que los sondeos son “como seguir usando radiografías en lugar de tomografías para hacer diagnósticos”. Entre las características de las encuestas fallidas destacan algunos principios: tienen muy altos grados de rechazo o de no respuesta, es decir, los encuestados prefieren cada vez más ocultar sus intenciones.

Un segundo factor tiene que ver con la propensión a mentir de aquellos quienes responden a estos ejercicios. En grandes cambios de signo social se hace especialmente difícil externar posiciones que pueden resultar socialmente incómodas.

No es fácil decir que se está a favor de un hombre calificado como un macho, racista, xenófobo, aunque en algún sótano del alma se compartan esos sentimientos. No es fácil decir públicamente que se está en contra de la paz.

Es más fácil, al menos públicamente, estar a favor de las posiciones progres aun cuando en el fondo se tengan sentimientos profundamente contrarios y que se guardan bajo las puertas del hogar y se expresan en la intimidad de las urnas.

Vivimos en una sociedad en la que es más importante parecer socialmente correctos que ser congruentes con nuestras convicciones. Son pocos los que públicamente tienen los arrestos a mostrar su posición personal de una manera frontal, ya sea ante sus pares o un encuestador, tal y como lo demostró el proceso electoral en Costa Rica.

Durante el proceso electoral que hoy se vive en México, las encuestas han jugado un papel central. Estamos a unas horas de saber si se mantuvieron dentro de la corriente global o México es una excepción. 

POST SCRIPTUM

Cuando George Orwell escribió 1984 planteó un gobierno que cambiaba casi aleatoriamente sus filias y sus fobias políticas, de un momento a otro El Gran Hermano decidía que los aliados mutaban en enemigos y viceversa, parecía una exageración.

No obstante, una vez más la realidad logra superar los ejercicios de imaginación literaria. Hace muy pocos años parecería imposible imaginar que Estados Unidos optara por políticas que van en contra del libre mercado y la competencia, mientras que el gobierno de China mostraría una gran convicción de abrir sus fronteras y mercados a la competencia global.

La administración de Donald Trump ha decidido una política que busca frenar las importaciones tratando de lograr una utopía económica, mientras que Xi Jinping ha decidido entrar en una nueva fase de la historia de esta gran nación.

@kimarmengol

Temas: