Hipócritas
No se puede aceptar a un Estados Unidos dando lecciones de moral.

Kimberly Armengol
Rompe-cabezas
Gastronomía, una cultura milenaria, playas encantadoras y una sociedad hipócrita son los pilares de un país llamado México, sí, un país de invasiones, conquistas y migraciones.
Nuestro 2018 fue un año muy complicado para el flujo migratorio hacia Estados Unidos, fuimos testigos de que grupos organizados de personas provenientes de todos los rincones de Centroamérica entraron a México, por la frontera sur —una coladera de personas, mercancías, narcotráfico y violencia—, con el objetivo de cruzar México como trampolín para llegar a la puerta de Estados Unidos. Por primera vez o tal vez conscientemente fuimos testigos de aquella frase que versa “somos el traspatio de Estados Unidos”; y sí, en eso nos convertimos desde hace décadas.
Pasar por el traspatio es como cruzar el río de lagartos que antecede al palacio, donde la situación no es superlativamente mejor que en Centroamérica, aunque sí una bocanada de esperanza para aquellos que buscan huir del hambre, la pobreza y la violencia.
Las tensiones con Estados Unidos crecieron, al grado de que el maquiavélico Donald Trump sugirió aumentar los aranceles a México e iniciar una guerra comercial. México, sin nada que negociar, luego de décadas de concesiones e irresponsabilidad, colocaron al país en el lugar exacto, patio trasero, pero también el vigilante de ese espacio, pero con el nombre de socio.
Nuevamente, un grupo de tres mil personas intentan colarse por la frontera sur, pero se encontraron con una poco grata recepción, donde el acceso fue negado e incluso la tensión llevó a enfrentamientos con gas pimienta, piedras y cualquier cosa que sirviera para lanzar.
Hoy, la mayoría de la sociedad está de acuerdo en la actuación de la Guardia Nacional, pero también hay voces que claman por una respuesta humanitaria más que armada, pero eso es sólo una ilusión.
México ya no permitirá el paso de más caravanas, tampoco les dará una oportunidad en el Tren Maya o algún proyecto similar. A los centroamericanos sólo les queda volver a casa o morir en el intento de lograr su sueño americano.
La sociedad mexicana —en su mayoría— clama por el uso de la fuerza, pero sólo para las caravanas.
Las frases xenofóbicas, insultos y poca humanidad han sido parte de la “bienvenida” a los centroamericanos.
Los mexicanos que cruzan de la misma forma a Estados Unidos deben ser tratados con dignidad y respeto e, incluso, si se puede, se debe colocar una alfombra para la recepción de estos héroes que han dado todo por lograr su sueño. Somos unos hipócritas.
VICTIMIZARSE
Trump aprendió muy bien la lección que nos ha dejado Irán en la historia desde su Revolución Islámica: todos son los malos y uno es la víctima. Y sale bien. Ésa fue la estrategia de campaña y de su presidencia hasta el día de hoy, hacerse la víctima.
De igual forma —y esto no quiere decir que esté justificando las sanciones de EU contra Irán ni el temible asesinato del general iraní Soleimani ordenado por Trump y confesado públicamente—, Irán, desde la instauración de su República Islámica, en 1979, se ha victimizado: todos son los malos, todo es una conspiración contra nosotros, la embajada de EU en Teherán es un “nido del espionaje”, hasta el día de hoy es lo mismo.
El problema es que no se puede aceptar a un EU dando clases de moral ni democracia cuando ha participado en muchos golpes de Estado en otros países, de la misma forma, no puede Irán hacerse el inocente para ocultar que hace lo mismo de lo que se queja, sólo que en menor escala porque no tiene ni el dinero ni el poder de Washington. No hay que ir muy lejos, las recientes protestas en Irak le exigían a Irán un ya basta de su injerencia militar, económica y política dentro del gobierno iraquí, al cual califican de títere de Teherán. Le lanzaron piedras y quemaron oficinas representativas de Irán en Irak por considerarlas nido de espionaje, incluso atacaron el consulado.
Y vayamos al 2016, después de que se firmó el acuerdo nuclear, Irán, para celebrar y como muestra de su humanidad, hizo una prueba de misil en el cuál escribió en hebreo que “Israel debe ser borrado de la faz de la Tierra”. Jactándose, además, de que el Acuerdo Nuclear no lo sujetaba a desarrollar misiles balísticos. También basta escuchar las palabras de los líderes de Hamas agradeciendo, incluso por tipo y modelo, cada misil que Irán les ha “regalado” y financiado. La misma estrategia que denuncia Irán de Occidente en Siria. Por lo tanto, como nadie puede dar clases de moral, lo verdaderamente genuino sería que Irán y EU se sentaran a negociar olvidándose de sus fanatismos, porque, a la próxima, bastará de un mínimo error para que se desate una guerra sangrienta en Oriente Medio.