Extrañar a los políticos

Lo mismo en Guatemala, Francia, Estados Unidos y México, el hartazgo 
se ha transformado en un grito de que hay que dar la oportunidad a otros.

Kimberly Armengol

Kimberly Armengol

Rompe-cabezas

Durante los últimos años se fue gestando una forma de repudio a la clase política, sus discursos anquilosados, abiertos casi a cualquier interpretación y esa sensación de que realmente no hacen nada. Lo mismo en Guatemala, Francia, Estados Unidos y México, el hartazgo se ha transformado en un grito de que hay que dar la oportunidad a otros. Que la sociedad ocupe los espacios públicos y que los gobernantes dejen de hablar en político y para políticos.

Así, en Guatemala llegó a la Presidencia Jimmy Morales. Un hombre que basó su carrera política en el humorismo y su gobierno ha resultado un chiste para su pueblo. A la corrupción que ha sido endémica se suman nepotismo, incapacidad y gravísimas fallas en la toma de decisiones.

En Francia ganó una figura muy atractiva para los medios de comunicación, Emmanuel Macron, quien parece un personaje de la alta sociedad europea, de esos que alimentan la prensa del corazón, con un modelo de político que popularizó Barack Obama y que ha seguido con gran éxito el primer ministro y rock star de Canadá, Justin Trudeau.

Si bien se trata de políticos, suelen tratarse de vestir de pueblo y en realidad terminan con una capa de rock stars. Del Presidente francés destacan mucho más sus microgroserías al Presidente de Estados Unidos o su brutal gasto en maquillaje, y Trudeau se ha convertido en el amor platónico de muchas. Algo muy significativo de Obama es que tiene tres veces más seguidores en Twitter que su sucesor.

El caso de Donald Trump parecería diferente. Un exitoso empresario que, entre sus principales características, está el gusto por generar polémicas al tratar de establecer su verdad. Para muchos votantes eso implicaba una esperanza: se dejaría de hablar en términos políticos y se comenzarían a tomar acciones ejecutivas como ocurre normalmente en las empresas. Sin embargo, el resultado ha terminado siendo aterrador como en otros casos en los que se ha olvidado la política en aras de perfiles de la sociedad civil o ante el renacimiento de una extraña suerte de neopopulismo millenial en el cual se buscan satisfacciones rápidas y políticamente correctas a los problemas.

La administración de Trump parece haber caído en arenas movedizas. El estilo determinado, por momentos berrinchudo, del mandatario de la nación más poderosa del mundo no termina de hundirlo en una crisis cuando alguna otra arista de su administración se hunde de manera profunda.

Tan sólo en los últimos días el estilo explosivo de Trump ha exacerbado la tensión racional que mantenía un frágil equilibrio. Este hombre, urgido por hacer guiños a su base de votantes, no sólo evadió repudiar la violencia racial en Charlottesville, Virginia, sino que indultó al juez Joe Arpaio, quien indudablemente es visto como un icono del racismo en Arizona.

Las continuas crisis en su gabinete, poblado de renuncias, y la guerra constante contra los medios de comunicación prácticamente han dejado de ser noticia en un gobierno que cada vez se encuentra más hundido dentro de la arena movediza.

Los pésimos resultados que han dado los candidatos vinculados con la sociedad, muy posiblemente generarán en el corto plazo un efecto péndulo en el cual la experiencia política y la capacidad de mantener finos equilibrios vuelvan a ser preferidos por los votantes. Hillary Clinton, quien representaba a la clase política tradicional, muy posiblemente no estaría haciendo un mejor gobierno que el de Trump; sin embargo, habría menos exabruptos.

POST SCRIPTUM

El “debate” que han sostenido en los últimos días el expresidente de México Vicente Fox y el mandatario boliviano, Evo Morales, en redes sociales es una muestra repugnante del bajo nivel de ambos.

En un lado, un exmandatario urgido de notoriedad mediática que, desde el retiro, trata de tener una posición de política internacional, cuando la que tuvo en su administración fue francamente desastrosa. El boliviano se exhibe como un lacayo servil y despreciable de la dictadura que en Venezuela encabeza el ignorante de Nicolás Maduro.

Twitter: @kimarmengol

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