Del odio al amor

Por descarte, se ha considerado que Hillary sería la mejor opción para México, porque no ha hecho declaraciones abiertamente en contra de los mexicanos.

Kimberly Armengol

Kimberly Armengol

Rompe-cabezas

Los insultos y exabruptos de Donald Trump en contra de los mexicanos que viven ilegalmente en Estados Unidos; su obsesión por asegurar que construirá un muro que será pagado por México y la extraña visita que hizo al Presidente de la República, así como sus reacciones ante la salida de Luis Videgaray de la Secretaría de Hacienda han obnubilado el análisis sobre el efecto que tendrá la elección del próximo noviembre en nuestro país.

Políticos y líderes empresariales han coincidido, con más vísceras que argumentos, en que el candidato del Partido Republicano sería un peligro para México e imaginan una serie de escenarios catastróficos para la economía mexicana ante la “amenaza” de la renegociación del Tratado de Libre Comercio (TLCAN).

Por descarte, se ha considerado que Hillary Clinton sería la mejor opción para México, porque ella no ha hecho declaraciones abiertamente en contra de los mexicanos. Sin embargo, ha mostrado un muy profundo desprecio hacia sus vecinos, con los que comparte la frontera más transitada del mundo.

La candidata demócrata despreció abiertamente la invitación del gobierno de Enrique Peña Nieto para iniciar un conocimiento que permitiera un mejor entendimiento de las necesidades de ambas naciones, así como para entender las preocupaciones en las dos riberas del río Bravo.

La conseja popular señala que del amor al odio hay un paso. Se trata de dos sentimientos poderosos que aparentemente son polos opuestos, pero se encuentran en el vórtice del interés y la pasión.

El análisis que se hace en México sobre el proceso electoral en Estados Unidos está contaminado de patrioterismo y una hipersensibilidad impropia de aquellos quienes se abrogan el nombre de expertos internacionalistas.

Suele decirse que en política la forma es fondo. Desde la forma Trump demostró interés por México, aun cuando haya quienes pudieran decir que usó la invitación del gobierno mexicano para fortalecer su campaña. Se trata, sin lugar a dudas, de una obviedad, puesto que este hombre como su contendiente orientan todas sus acciones para ser el presidente número 45 de Estados Unidos.

Desde ese mismo lugar, la señora Clinton despreció la invitación y usó sus resultados para tratar de obtener votos.

Tradicionalmente, los presidentes de Estados Unidos emanados del Partido Demócrata han sido menos receptivos a los intereses de México, aunque más comprometidos con el problema migratorio. El presidente republicano Ronald Reagan, en 1986, otorgó la amnistía a unos tres millones de migrantes al firmar la llamada “Ley Simpson-Mazzoli”; George Bush, en 1989, propuso una política de justicia familiar y otorgó alivio a 1.5 millones. Acciones contundentes que contrastan con las ilusiones de reforma migratoria prometidas por Barack Obama.

De Bill Clinton se debe recordar cuánto creció el muro fronterizo y los préstamos a México para evitar que la crisis implicara una mayor migración. No fue ayuda de un socio, fue un acto  defensivo.

Clinton, que tradicionalmente tiene una facultad camaleónica para ocultar su verdadero desprecio por temas como México, ahora no logró hacerlo. Decidió no ver ni oír a sus socios a pesar de que, con términos menos estridentes, también quiere una renegociación del TLCAN a costa del bienestar en México. Su desprecio es una forma peor de desdén.

POST SCRIPTUM

Mientras en México las redes sociales y analistas enloquecieron con la visita y “ofensas” de Donald Trump, Barack Obama minimizó los insultos personales del presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, porque el interés de contener la expansión de China en el mar del sur es superior.

La diferencia es que nadie lo acusó de cobarde por no exigirle una disculpa o regresar el insulto en la reunión de la semana pasada en Laos. Una lección de estrategia y muestra de que el interés nacional está por encima de las sensibilerías...

@kimarmengol

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