Epitafio encontrado en el futuro

'Nunca me arrepentiré de haber nacido'

Tú, de pie, frente a una historia a la que, de un momento a otro, se le agotaron esas infinitas posibilidades que durante tanto tiempo me mantuvieron en  estado entrópico, si lo hubiera entendido antes. Hoy tengo un nuevo problema, ya no sólo no existen el antes ni, por supuesto, el hubiera, sino tampoco absolutamente nada de todo lo demás. Hoy atravesé esa puerta y por fin entré al misterio, al espacio eterno de la no existencia, donde la prisa, el miedo y la nostalgia se han quedado, de golpe, sin significado. Viví en un mundo de palabras, aquí no hay voz ni tinta ni cuadernos. No están mis diarios, mi colección de zapatos ni mis fotografías; no hay arte: por más extraño que esto te parezca, éste es un paraíso sin artistas.

No están mis hijos ni mis nietos, ni esos otros que constantemente me hacen revivir en el recuerdo. Viví buscando desesperadamente amores eternos y por acá sólo hay olvido. Es raro no tener un cuerpo, pero más difícil es acostumbrarse a no existir sin ningún tipo de ansia de caricias, porque aquí, donde me encuentro, no hay deseo, aunque, afortunadamente, y esto lo digo con una sonrisa amplísima de calavera, tampoco conciencia y, por lo tanto, los de este lado nos hemos librado para siempre del maldito extrañamiento.

Quizás ésa sea la razón por la que ustedes —resistiéndose y queriendo controlar la realidad, llenos de ansiedad por tener un poco más, y de miedo por perder un tanto menos, corriendo contra el tiempo, validando su existir en función comparativa con ese teatro monstruoso que son las redes sociales— tienen miedo al qué dirán y se esconden en ese lugar patético que es el deber ser. Es ésa la razón por la que cuando a alguno le llega la hora de pasar, según esto, a mejor vida, los que se quedan colocan bajo nuestros nombres las siglas: QEPD (Que En Paz Descanse) Julia Neumann. 14-abril-1973- un otoño frente al mar, rodeada de sus seres queridos, habiendo cumplido varios de esos sueños (hoy intrascendentes), pero que en momentos le brindaron algo muy parecido a la total felicidad. Se fue sonriendo. Hay quien asegura que de su boca salió un sonido sutil que se asemejaba a una tierna carcajada, seguramente pensando algo como esto: “Nunca me arrepentiré de haber nacido”.

Temas: