Los hijos del divorcio

Los futuros jóvenes de hoy crecen en un mundo donde la autoestima tiene más que ver con la cantidad de likes

Soy generación X, a los adultos jóvenes de hoy les dicen los millennials.

 Intentando plasmar en palabras mi profunda preocupación, y dejando de lado mis miedos y prejuicios escribiré... Los futuros jóvenes de hoy crecen en un mundo donde la autoestima tiene más que ver con la cantidad de likes y seguidores en las redes sociales,  que con esos valores que a simple vista no salen en la foto. ¿Qué nombre describirá a esta generación de pequeños que hoy viven en la era de las vidas editadas?

Todos hemos caído en la trampa del sistema, pan y circo al pueblo... entretenlos o, mejor aún, que ellos mismos se entretengan comparando sus vidas. ¿Quién tiene más? ¿Quién hace más? ¿Quién es más? ¿Quién es más feliz? Este es el contexto social, si además a todo esto le sumamos un proceso de divorcio, podemos entender por qué son muchos los niños que viven llenos de ansiedad. Su hogar no solamente se resquebraja, sino que se ha mudado a una zona de conflicto, su ser se tambalea en la cuerda floja sobre la trinchera de una constante lucha de poder; los padres estamos demasiado ocupados por ganarnos su cariño, y por miedo a perder “su amor”  nos volvemos tan permisivos que provocamos en ellos un enorme vacío existencial y una insaciable necesidad de límites. Tenemos culpa y es por eso que cedemos ante lo que pidan, en vez de enseñarles el placer del dar de corazón. Tienen dos casas, dos perros, dos nanas, dobles vacaciones, dobles fiestas, dobles regalos de cumpleaños, dobles premios, pero... también doble carga, expectativas encontradas, ideologías opuestas, en fin... mensajes dobles sin frente común. A conveniencia los movemos como piezas en un tablero de ajedrez. ¿Puedo intercambiarte a los niños este fin?

Mientras tanto ellos crecen confundidos, sin guía fija, llenos de contradicciones, divididos, teniendo que elegir un lado de su propia sangre, fragmentados desde adentro y contagiados por nuestras propias frustraciones.

Somos responsables de guiarlos hacia la libertad, ayudarlos a ser ellos mismos, a confiar en su intuición, a que experimenten sus pasiones más profundas y a sembrar en ellos la semilla del amor propio y la confianza. Los hijos del divorcio necesitan saber que algo une a sus padres desde el alma; y no me refiero únicamente a ese sentimiento que alguna vez sintieron el uno por el otro, sino al que hoy siguen compartiendo los dos por ellos. Al final somos tan sólo hijos del amor.

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