Las imágenes de la violencia
¿Puede la violencia ser representada? Cuando pasamos junto a un puesto de periódicos y vemos todas estas notas amarillistas, ¿verdaderamente nos aterran? ¿O es que sólo nos provocan morbo? Una imagen que dice más de mil palabras, sílabas mudas, los cadáveres tienen ...
¿Puede la violencia ser representada? Cuando pasamos junto a un puesto de periódicos y vemos todas estas notas amarillistas, ¿verdaderamente nos aterran? ¿O es que sólo nos provocan morbo? Una imagen que dice más de mil palabras, sílabas mudas, los cadáveres tienen todos una cosa en común: son absolutamente silenciosos. Hemos visto tanto... nuestros discos duros están tan saturados de cuerpos lacerados, colgados, humillados, ensangrentados, violados, degollados... despojos humanos, aventados como basura, esperando a ser descubiertos por el fotógrafo cazador de la nota negra, que pareciera encuentra fácilmente. Estas fotografías que al principio fueron un acto periodístico están llegando a las salas de las bienales, a las paredes de los museos y se venden ya en las galerías. Algunos de los premios más importantes en el medio de la fotografía han sido un ser humano o de lo que queda de él o ella después de haber sido asesinado. La esencia del arte está en su libertad, pero existe también un código de humanidad, de respeto por el otro, tanto vivo como muerto. La violencia en sí misma es tan enorme que no puede ser representada en una imagen, pero puede plantear preguntas, no sólo qué fue lo que realmente sucedió antes, sino también después.
Repito: hemos visto tanto, que llegamos a banalizar lo que es sagrado, pues, ¿qué es más sagrado que la propia vida? ¿La misma muerte? ¿El arte? ¿El acto de informar? ¿El escándalo? Desde hace tiempo que el mundo del arte compite con el inframundo y con el horror. ¿No le estaremos sumando a la ecuación violencia innecesaria? El otro día escuché a alguien decir que sin violencia dentro de ti no puedes ya ni entrar al Metro. Yo pienso lo contrario: el amor, la compasión y el respeto elevan al hombre a la condición de humano. Me asusta pensar que mis hijos y todos los demás niños crezcan expuestos a tanta contaminación, que no exista algún tipo de censura, no me refiero a la obra de arte que cuestiona, pero sí a todo artista que utiliza como vehículo el morbo. Hoy necesitamos cambiarle el rumbo a este hermosísimo planeta, sin vistas gordas, pero eligiendo responsablemente qué es lo que como artistas compartimos, utilizar cada uno nuestra herramienta para proponer y no sólo aterrorizar. En la época del miedo, el arte puede ser un redentor.
