El amor no se dice, se hace...
El amor sólo es posible entre dos personas que se conocen a ellas mismas, se aman, se aceptan, se perdonan, llegan a su esencia.
Cuando atravesamos una crisis del corazón nos descubrimos mirando el teléfono constantemente, lo revisamos porque, en el fondo, nos parece tan extraño que no llegue esa llamada que, suponemos, quizá dejó de funcionar. Y sí, así como los aparatos electrónicos se descomponen, el aparato del amor no está exento a sufrir una falla en su complejo, pero, a la vez, simple mecanismo. El amor no se habla, se hace. Ése es el milagro del amor, algo que, pareciera, nace “por arte de magia”, pero requiere de profunda dedicación. El amor es una construcción: intimidad, pasión y compromiso como cimientos y, como cemento, la comunicación. Construimos, en pares, castillos en el aire, los decoramos con sueños y hacemos ahí nuestro refugio, el amor también es un refugio. El problema es que, en muchas ocasiones, lo que buscamos es escondernos detrás de nuestro ego y entonces se convierte en otra cosa; dos soledades encerradas juntas. El amor sólo es posible entre dos personas que se conocen a ellas mismas, se aman, se aceptan, se perdonan, llegan a su esencia y, desde ahí, comparten en libertad. El amor nada tiene que ver con obsesión y celos, la intimidad no florece en la tierra de la inseguridad. El amor es gozo, es entrega, es ese gran espejo compasivo en el que se reflejan nuestras debilidades y en el que brillan nuestras fortalezas, ahí nos vemos desnudos y sin piel. El amor... pienso todo esto mientras miro de reojo mi celular... ningún mensaje.
El amor, cuando es amor, es una hermosísima coincidencia.
