El banquete posmoderno

Los siglos de distancia no nos han acercado más a la definición completa de esa palabra de cuatro letras: amor. 

Amor, creación, virtud, conexión, felicidad, miedo, intimidad, todo, nada...

La vida gira en torno al Dios Eros, como lo describe en esa cena Fedro, el más joven y por lo mismo el que no ha agotado sus ilusiones. Qué verdadero banquete de ideas. Voy a imaginarme que viajo por el tiempo y me hago un espacio en aquella sobremesa, me presentaría diciendo: Soy Julia, enamorada del amor y admiradora del pensamiento. No explicaría de dónde soy, pues el tema a tocar me parece tan intrínseco a la naturaleza humana, que trasciende todo tipo de temporalidad.

–Vengo de un lugar lejano, donde eso que describen como amor ha llegado a ser una obsesión instantánea y, por consiguiente, desechable, ¿quién lo diría? Los siglos de distancia no nos han acercado más a la definición completa de esa palabra de cuatro letras que en el fondo ansiamos todos. Amor... el verdadero juego, por lo que vale la pena jugarse hasta la vida, pues una vida sin amor... ¿Qué sentido tiene ser vivida? Amor al todo, al arte, a la magia, al ser y a cualquier tipo de manifestación de vida. Amor como camino y no como meta, amor como fuerza motora y no como impulso vampiresco pasional y posesivo, amor como deseo de intimidad profunda y no sólo adición a una epidermis. Amor que alumbra y despabila, amor cómplice del instante, rebelde más que complaciente, profundo, sincero... Real.

Me supongo que quizá Sócrates irrumpiría para explicarme que esa sensación de separación es un castigo divino, y que estamos condenados a intentar encontrar a esa otra mitad que antes nos complementaba.

Lo que esos dioses no sabían es que llegaría el momento en que nos facilitaríamos la búsqueda. “Bendita tecnología” ¿dónde quedarían las quijadas de todos ellos en el momento en que sacara mi teléfono celular y les mostrara Tinder, Facebook, Instagram o cualquiera de esos espacios destinados a hacernos desaparecer la sensación de separatividad? Seguramente pensarían como muchos de nosotros, que después de tanto rompernos la cabeza y el corazón hemos descifrado el algoritmo. Que con esta maravillosa herramienta no habrá un ser humano que se sienta solo en ese futuro lejano, que para aquellos históricos pensadores es el siglo XXI. Seguramente envidiarían la posibilidad de escoger y desechar a hombres y mujeres con tan sólo mover un dedo.

–¡Es ése el banquete verdadero! diría Platón. -Jamás hubiese imaginado una ventana mágica del amor, todos sois felices, por no decir virtuosos, bellos y profundos pensadores que escriben magníficas frases bajo sus retratos. Aristófanes levantaría su copa:

-Celebremos que Eros ha vencido a Zeus. Yo levantaría mi copa y sonreiría.

Temas: