Historia de una ardilla

Me gusta escuchar música o algún tipo de sabiduría trascendental mientras salgo a correr. Hace algunos días hice mi recorrido por un camino que han abierto entre la selva, una pequeña carretera que confluye en uno de los tantos tesoros arqueológicos de este ...

Me gusta escuchar música o algún tipo de sabiduría trascendental mientras salgo a correr. Hace algunos días hice mi recorrido por un camino que han abierto entre la selva, una pequeña carretera que confluye en uno de los tantos tesoros arqueológicos de este hermosísimo país... México... Desbordado de cultura, de belleza natural, de tradiciones, de gente noble, trabajadora, mas cansada por el saqueo y abuso de unos cuantos que de ninguna manera representan a este lugar tan lleno de magia. Justamente esa era la información que fluía hacia mis audífonos por el cable conectado a mi teléfono... La magia... “No la busques en las cosas grandes, sino en todas esas sutilezas”. Seguí corriendo mientras buscaba. De repente apareció, a lo lejos, desafiando a la gravedad, bella, pequeña y peluda, me supongo que para equilibrarse movía graciosamente su elegante cola. Lo encontré, o me encontró, el objeto de mi atención. El universo reducido a la belleza de una ardilla, a sus movimientos sigilosos, a esa forma casi humana de utilizar sus manos, un ser vivo gozando de su libertad, existiendo plenamente en el instante. Yo me iba acercando, la contemplaba mientras ella continuaba su descenso por el tronco, ni ella ni yo teníamos la más remota idea de hacia dónde se estaba dirigiendo. Por fin bajó del árbol, yo estaba cada vez más cerca, cuando sucedió algo terriblemente inesperado. La ardilla, mi ardilla, la ardilla que representaba a todas las ardillas del mundo, a la libertad, al diseño divino y natural, a la pureza, a la vida misma, a la magia... fue atropellada justamente frente a mí. Grité, un grito fuerte, la voz de mis audífonos siguió hablando... ya no la entendí, mi voz interior muda también. El ojo del animal de golpe se había transformado en un profundo agujero negro que me atraía. Ése era el momento en que tenía que encontrarla, esa magia que buscaba se manifestaba dejando tatuado en lo profundo de mi ser ese momento que representaba la vulnerabilidad y lo efímero de este milagro. Todos somos un animal bajando por nuestro propio árbol, bajémoslo con gracia, con conciencia, estando presentes, intentando no lastimar ni al tronco ni a ningún otro ser que se atraviese por ahí, descendamos o escalemos según sea el caso, pero siempre agradeciendo que por alguna razón inexplicable tú y yo somos capaces de participar de esta magia en toda la extensión de la palabra. México es mágico y aunque sí hay ratas con corbata que nos asustan, hay muchas más ardillas libres saltando felices por ahí.

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