Probaré tu piel de seda

El libro es un umbral, una puerta, también es una entrada secreta al paraíso donde la vida misma se va hilvanando.

“Muy bien, entonces debes elegir con cuál de estas opciones vivirás tu vida; no hay buenas ni malas, sólo ‘son’ y tú debes decidir si te dejarás llevar o si lucharás. ¿Comprendes la importancia de la elección?”.

Valeria de la Rosa.

Estoy sentada en el restaurantito de la esquina, en el que desayuno por lo menos dos veces a la semana. Mi disyuntiva es la siguiente: pedir los sopes con mole o irme por una opción más sana, un nopal con queso panela y salsa verde. ¿Te das cuenta de cómo todo este juego se trata de hacer constantemente una elección? Al fin llega el mesero y le pido unos huevos revueltos con jamón. Miles de alternativas: la vida es un menú infinito.

Ayer terminé de leer un libro, uno de esos que transforman tu realidad, y no únicamente mientras estás dentro de tus problemas. Probaré tu piel de seda es el título de un universo paralelo al que Valeria de la Rosa me ha invitado a pasar... Un umbral, una puerta, una entrada secreta al paraíso donde la vida misma se va hilvanando.

Para Valeria la existencia no sólo es un menú infinito, sino un gigantesco tapete que entre todos vamos entretejiendo con luces y también con sombras.Mientras espero a que llegue lo que elegí, pienso en ese creador, ese gran Dios todopoderoso al que acudimos sobre todo en momentos de dolor e incertidumbre.

Esa divinidad que nos ha creado “a su imagen y semejanza”, quizá con la idea de no sentirse absolutamente solo en este juego del crear, un concepto fantástico de la escritora, que ha tejido un libro digno de esos premios que ha ganado, aunque el premio mismo es simplemente la satisfacción de darle su propia interpretación al mundo.

Todos buscamos el hilo negro. Dana, el personaje principal, lo encuentra literalmente amarrado a uno de los dedos de su mano. Una novela de hilos, hilos metafóricos que van hilvanando una profunda y auténtica reflexión sobre el destino, el libre albedrío, ese sentido que cada uno tenemos en la vida, pero —sobre y ante todo— una bellísima historia sobre el amor incondicional.

Ha llegado la hora de atender lo inmediato, que en este instante lo constituye el hambre y mi desayuno. Por ahora me despido esperando que estés viviendo esos días de bajadita, tan necesarios para agarrar esa fuerza que se necesita para seguir avanzando por la senda verdadera, por nuestros propios y mágicos caminos.

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