Historia de amor

No había duda, ellos se amaban, pero el amor es tan sólo un sentimiento.

La dignidad era una hilera de ladrillos con la que iban construyendo una pared sólidamente imaginada. Eso suele suceder; las personas crean rocas de la nada, piedras peligrosas que crecen con el tiempo aún sin ser regadas. No había duda, ellos se amaban, pero el amor es tan sólo un sentimiento, que sin voluntad y compromiso tiende a irse diluyendo como una hermosa nube en el paisaje. A ella le gustaba ver el cielo, y mientras los dos se entregaban al momento gracias a esa sustancia llamada endorfina, que liberaban desde que despertaban muy juntos por la mañana, él la miraba de reojo.

Toda una vida, o quizá media, pero un montón de tiempo acumulado esperando a que le sucediera, a que alguna de esas mariposas que daban vueltas por el centro de su ser se le subiera al corazón, y es que cuando uno de esos alados bichos llega a colársenos hacia arriba nos hace estragos, nos deja huella. Ella tenía tatuadas las patitas de una oruga transformada justo en medio de ese motor que latido a latido la mantenía con vida. Ella desconocía si en algún momento él también sentía curiosidad por saber cuántos latidos en una sola vida es capaz de resistir un corazón.

Dispuesta a que aquel órgano terminara por agotarse en esa pasión que la superaba tomó una decisión: informarlo. Así que frente a él se realizó justo en el pecho una disección y con la dosis justa de desfachatez y de valor se lo mostró. El corazón decía con latidos... Quiero contigo, quiero ver cómo combinas con cada uno de mis paisajes, quiero oler esos secretos que guardas dentro de tu oreja y continuó latiendo cosas como éstas. Hay cosas que no deben decirse, pero ella tampoco podía callarlas... Quiero casarme contigo, le dijo, ahogando el poquito miedo que le quedaba en la copa de vino.

Lanzó la propuesta como quien en un volado avienta una moneda esperando que no caiga del lado equivocado. Más adelante lo sabría, aprendería a cambio de unas cuantas lágrimas que la moneda siempre cae del lado que tiene que caer.

Ella siguió asomada en la ventana, pero por más que intentó entretenerse con sus formas no las encontró. Hay tardes en que hasta las nubes dejan de hacer figuras en el cielo.

Temas: