La sociedad del cansancio

Hoy nuestras cadenas están hechas de aceros invisibles, los eslabones son esas iniciativas que nacen de la inercia.

Así, La sociedad del cansancio, es como titula su libro Byung-Chul Han , un texto en el que afirma, contundentemente, lo siguiente: “La sociedad occidental está sufriendo un silencioso cambio de paradigma: el exceso de positividad está conduciendo a una sociedad del cansancio”. Éxito, competencia, productividad, una exigencia de rendimiento del que deriva una pandemia de enfermedades siconeuronales, de acuerdo con el filósofo, la ansiedad, la frustración, las neurosis y la depresión se derivan de la autoexplotación.

Estamos experimentando una transición desde un antes disciplinario y obediente, hacia una supuesta libertad, una aislada responsabilidad individual, un sistema saturado de información, que nos engaña haciéndonos creer libres, cuando nunca antes habíamos sido tan presos de nosotros mismos.

Hoy nuestras cadenas están hechas de aceros invisibles, los eslabones son nuestros proyectos y esas iniciativas que nacen de una inercia que nos empuja y nos va gritando silenciosamente en el oído palabras “motivadoras” como “actividad” y “producción”.

Este es el nuevo mandato de una sociedad  que vive en una situación de guerra interna, víctima y verdugo habitan un mismo cuerpo intentando librar una batalla contra el propio agotamiento.

Caminan al mismo ritmo y sin detenerse. Van y vienen por la calle muchas almas cansadas, animales de trabajo que se han olvidado de contemplar este milagro en que habitamos todos. Ya no nos permitimos las pausas ni el aburrimiento.

No tenemos tiempo para poder ver los olores de las cosas, para inspirarnos con la voz del viento que entona las canciones de los pájaros, volvernos la conciencia del paisaje y ser testigos de esas “insignificancias” de la vida, que al final será lo único que nos llevaremos, con la cuenta de banco desbordada, pero con el alma desnutrida vamos reduciendo la existencia a lo que hacemos, lo que tenemos, que es lo que, de alguna manera, nos da reconocimiento, nos hace pertenecer con plenitud y, de esa forma, sentimos asegurada nuestra supervivencia. ¿Y nuestra mirada y esa reflexión que nutre alimenta nuestro espíritu?

Habitamos un mundo que gira y se desplaza por el universo, la globalización y los avances tecnológicos tampoco detienen su marcha, imposible; nuestra nueva religión se basa en el dicho universal: “tiempo es dinero”, y mientras nos vamos cansando y... cansando y can... san.... do....  persiguiendo como conejo la zanahoria, se nos va acabando eso... lo otro, lo esencial, lo que nos llena de vitalidad. Me despido por ahora con una frase de Catón que Hannah Arendt magistralmente elige para cerrar su texto La condición humana: “Nunca está nadie más activo que cuando no hace nada, nunca está menos solo que cuando está consigo mismo”.

Temas: