Nuestro poder interior
La sensación de malestar que nos provoca el miedo nos fortalece si lo tomamos como un camino hacia la liberación.
Me gusta la palabra resiliencia, esa fuerza que habita en la vulnerabilidad, la capacidad de hacerle frente a la adversidad aun habitando dentro de una cultura desbalanceada. He notado que somos muchos los que estamos en el intento, los que valientemente nos atrevemos a aventurarnos para ir a buscar y recuperar lo que desde siempre ha sido nuestro. Algunos hemos vivido en un estado de adormecimiento, pero llega el día en que, por medio de la belleza o del dolor, nos despertamos; y así, frágiles, con el alma desnutrida, aterrados y perdidos empezamos el recorrido para regresar a ese territorio donde intuimos se esconde y se resguarda intacta la fuerza vital.
Si no existieran esos momentos donde sentimos que la circunstancia nos acorrala, muchos seguiríamos en nuestra zona de confort, dejando apenas huellas por un camino paralelo a nuestro yo auténtico, y nos perderíamos la oportunidad de cantarle al universo nuestra verdad, esa sabiduría que desde siempre habita dentro de cada uno. La vulnerabilidad es estar parado entre dos mundos, es dejar que la duda entre y nos gobierne. Ser vulnerable es sentirse un venado perdido y solo en medio del bosque, sin asumir, en el caso de las mujeres, que nos parecemos más a una pantera negra dispuesta a todo por cuidar de sí misma y de sus cachorros. Las verdaderas historias de éxito, donde la fuerza del corazón es la protagonista, vienen siempre acompañadas de sus antagonistas: el miedo y el dolor.
“Me extiendo, sobre la marea, / dejando atrás noches de temor, de terror, me levanto, / a un amanecer maravillosamente claro, me levanto, / brindado los regalos legados por mis ancestros. / Yo soy el sueño y la esperanza del esclavo. / Me levanto. / Me levanto. / Me levanto.”
El anterior es un fragmento de un poema escrito por Maya Angelou, una mujer que a los ocho años fue víctima de abuso de todo tipo y que, por lo mismo, dejó de hablar por cinco años. Durante aquel mutismo se refugió en su mundo interno y en esos libros por medio de los cuales encontró no sólo su salvación, sino esa voz que hoy la hace una de las mujeres más admiradas de nuestro tiempo.
La adversidad es un motor. La sensación de malestar que nos provoca el miedo, la pérdida o la incertidumbre nos fortalece si lo tomamos como un camino hacia la liberación. Ser valiente no es el que no siente temor, sino el que lo enfrenta; el resiliente es aquel que no esconde sus debilidades, sino el que las vuelve sus puntos fuertes. Las respuestas para las exigencias del alma están ahí, en la intención de estirar la mano para alcanzarlas. Cuando nos sentimos forasteros es tan sólo porque no nos levantamos de esta silla y vamos a buscar el lugar que nos pertenece. Resiliencia, entrega, inteligencia física, mental y espiritual, empoderamiento, intrepidez, fiereza, presencia en el instante y aceptación de los contrastes, por nombrar algunas de las armas que cargan los soldados de la resiliencia.
