Bailar para perder peso
Mi terapia será la danza; experimentaré cambiar los pies por la cabeza.
Enero es el mes de “ahora sí”. Ahora sí dejo de fumar, me inscribo en el gimnasio, voy a volver a leer, me despertaré más temprano, acabaré ese libro que vengo escribiendo hace diez años, tomaré ese curso… y empezaré mi dieta.
Los mensajes en cadena de felicitación de pronto han cambiado por esos otros cómicos e ingeniosos que tienen que ver con esos kilos ganados en diciembre. Es saludable recuperar los buenos hábitos después de romper por un par de semanas la rutina, y me daré al intento, pero lo que en verdad quiero este enero es un poco más complejo, pues mi objetivo no es volver a sentirme cómoda en mis pantalones, sino en el fondo de mi ser. Mi reto sí es perder peso, pero ese que no se nota, que no se ve; ese que se acumula no en unas vacaciones, sino a lo largo de la vida y que a cada momento cargamos sobre los hombros. Este año deseo aligerarme, no sólo hacer una limpieza exhaustiva de todos mis cajones, sino también de los contactos en mi teléfono; quiero menos amigos virtuales y más conexiones profundas, menos viejos arraigos y más espontaneidad, menos deber ser y más sensación de libertad. Me tomaré un año sabático de esos recuerdos que me anclan, de las decepciones, las pérdidas, los miedos, creencias y todas esas cargas insulsas que llevo años arrastrando. Este año bailaré, literalmente, un vals bajo la luna, una buena salsa sobre el pasto o en la nieve y en la arena me moveré por instinto al ritmo de cualquier tambor. ¡Un animal sobre esa magnética pista de baile que es la intimidad! Mi terapia será la danza, haré el experimento de cambiar los pies por la cabeza y bailaré descalza para sentir ese latido franco, sensual, instintivo y sabio del universo, danzaré una cumbia a su compás abrazando lo que soy, que hoy sé, no es todo ese bagaje con el que durante tanto tiempo me he identificado. Bailaré lento en la oscuridad y bajo el primer rayo de luz de la mañana que despierta, y así bailando me adentraré en el verdadero misterio existencial. Quiero soltar el control, fluir y dejar de preocuparme por insignificancias. Bailando, simplemente habitando ese vehículo de mi alma que es mi cuerpo, transformaré mi cotidianidad en obra de arte. Bailaré. Tan sólo por 365 días bailaré en el aquí y el ahora; mi deseo es que 2016 sea un ritual para honrar y aceptar de una vez por todas la existencia. Un tango orgánico e intuitivo que me acompañe por este camino hacia mi espíritu.
Mis manos, mi ombligo, mi aliento, mis tobillos dejarán de ser frente a un piano. Cada parte de mí, mi totalidad, cada uno de mis huesos al servicio de mi alma. ¡Este año seré libre! Eso es lo que pido, dejar a la conciencia hacer las paces con ese ego que nos acota y disminuye, nos juzga y nos separa. Un baile será mi pasaporte a ese mundo mágico donde me encontraré frente a frente conmigo; bailando me dirijo a ese sitio donde habitan la intención y los instintos. Bailaré por lo profundo, tan fuerte, tan llena de ese ritmo que me convertiré en el baile mismo, bailaré sin coreografía ni resistencia, sin miedo a lo que desconozco, me rendiré, y en esa vulnerabilidad ante la música que toque la realidad encontraré mi fuerza. Soy de esas personas que creen fervientemente en que cada uno de nosotros ha venido al mundo con una misión específica. La he buscado por tanto tiempo… bailaré y quizá si dejo mi zona de confort y me sumerjo en esa energía que fluye como el agua del río, y si lo logro lo más probable es que esta me lleve a ese lugar sólo destinado para mí. Bailaré para perder el peso. Te deseo que este ciclo que empieza tan lleno de sueños, retos e ilusiones lo bailes a tu propio ritmo. La vida es una gran pista de baile; ¡muévete únicamente al compás de tus deseos!
