Agradecimiento

Reflexiones por estas fechas. Tiempo de celebrar, pero hay que hacer una pausa.

Existen personas que recorren mundos fácilmente, que van dejando huellas que siempre miran adelante, cada paso la misma distancia, siempre la misma profundidad, tanto si es sobre la arena, hojas secas o nieve. Hay quien enfrenta el desastre con un gesto amable, y estamos también aquellos que elegimos andar por el filo del mundo y nos movemos sobre esa cuerda floja que se expande y se contrae al ritmo de la respiración del universo. Ya se va 2015, se difumina en el paisaje de ese viejo calendario al que le faltan días. Nochebuena, Navidad. Tiempo en familia, regalos y celebración. Hoy hago una pausa para hacer de esta pequeña reflexión un sincero agradecimiento.

Estimado señor tiempo:

Es de noche, estoy parada bajo un halo gigante de luz y te doy las gracias porque en estos últimos meses mi entender  sobre la Luna se ha expandido; por esa razón, mi comunicación con ella ha tomado un rumbo diferente. Hoy entiendo un poco sobre sus ciclos y su sabiduría, una sensación tibia y placentera envuelve mi corazón, lo que defino como algo parecido a la templanza que posee ese elemento maravilloso que nos alumbra por la noche.

Llevo mucho tiempo buscando y hoy a mis 42 años empiezo a sentir en mi interior un cosquilleo diferente, movimiento sutil provocado por el germinar de esas miles de preguntas. Hoy, vestida tan sólo por el crepúsculo de plata, siento latir dentro de mí el poder que redime mis dolores y mis pérdidas; no tengo palabras para agradecer esas lecciones que quizá no hayan cambiado radicalmente mi día a día, pero sí determinan la manera en que hoy me relaciono con el instante, con mi femineidad y mi ser humana.

Tiempo: infinitas gracias por bendecirme con el regalo más fantástico del que goza una mujer. Gracias por mis hijos, por verlos crecer sanos y contentos. Gracias por su ejemplo, por ese infinito manantial de amor que brota cada vez que los imagino. Gracias también por mis sentidos, vehículo de cada uno de mis placeres y mágico conducto entre mi alma y lo de afuera.

De pie, junto a mí, un hombre que es sabio y niño, que me regala aventura y seguridad al mismo tiempo, el que me ha hace entender que el amor, más que un apego precoz, es ese profundo deseo de maravillarte en los defectos y grandezas de alguien que te permite conocer su intimidad; es, entonces, cuando cobra un sentido profundo esta frase: el amor es un compromiso extremadamente placentero. Gracias 2015, por poner frente a mí a cada una de esas personas, seres necesarios y esenciales maestros en el arte de abrir el corazón; me siento infinitamente bendecida por esas viejas amistades con las que he compartido este camino, imposible haberlo hecho sin ellas. Gracias, porque soy la persona más afortunada del planeta, pues estoy rodeada de personas que no sólo me aman, sino que respetan mis procesos y comparten mis locuras. Gracias por darme el valor de escapar de las garras de la comodidad para aventurarme al gran misterio, porque hoy viajo más ligera y porque tengo muy presente que el amor incondicional nos abraza a cada instante. Me regalaste historias eternas escritas entre líneas de pequeños libros, conciertos maravillosos de esos cuervos que habitan en las copas de los árboles frente a mi ventana. Toda esa filosofía pura de sobremesa, tanto mundo, tanta vida, tantas portadas de periódico, tantas lágrimas y tantas sonrisas. Desde aquí, querida vida, universo, Dios, tiempo, desde esta noche fantástica me detengo para sentir el bálsamo del agradecimiento, y desde ese mismo espacio les deseo de todo corazón un muy feliz 2016 a todos ustedes.

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