Crisis existencial
¿Qué queremos? Obviamente seguir construyendo ese hogar, ese espacio emocional para nosotras mismas.
La luz que sale de esa lamparita que cuelga del techo, ese elemento invisible que llena el espacio y te acaricia, al que hemos bautizado como música, el té que es contenido por una hermosa taza de cristal, esta silla que alguno diseñó para ser un elemento estético —además de un objeto funcional—, la ropa que traigo puesta, esta computadora transportable desde donde te escribo estas ideas, que no son más que una recopilación de pensamientos y experiencias de aquellos que me han antecedido; todo, absolutamente todo lo que nos rodea ha sido creado por esos seres de esa especie a la que pertenezco.
Dicen que llega un momento en la vida de cada quien en que nos alcanza la angustia existencial, que no es más que la voz de esa conciencia gritándonos por dentro en el oído: ¿Quién eres? ¿Qué buscas? ¿Qué quieres? Preguntas simples, pero que requieren estar en contacto con uno mismo para encontrar una respuesta y desde ahí permitir que fluya la creatividad. Las personas creativas son complejas, esto se traduce en que el individuo está compuesto de una multitud, estos seres son capaces de expresar casi todos los rasgos que potencialmente están presentes en el repertorio de la naturaleza humana.
Hoy desayuné con mi amiga Lorena, definitivamente una mujer creativa con C mayúscula, y sin embargo atravesando como yo una crisis existencial. Todo indicaría que sólo somos dos representantes de ese grupo de mujeres que teníamos nuestro propio sueño y en algún momento tomamos la decisión de apretar el botón de pausa, pues fuimos bendecidas por la maternidad, pero los hijos “por alguna razón extraña” crecen y, de repente, nos encontramos llenas de tiempo libre, frente al espejo confundidas, llenas de sueños empañados, de pasiones contenidas, llenas de miedo por no saber escoger uno de entre tantos caminos.
Escribir, pintar, dedicarte al altruismo, cultivar el culto al cuerpo o ir hacia adentro y emprender una aventura espiritual, crear un negocio para conseguir esa sensación de seguridad que nos da la independencia o practicar una existencia basada en el desapego.
¿Qué queremos? Obviamente seguir construyendo ese hogar, ese espacio emocional para nosotras mismas y para los que amamos, pero sinceramente también nos hace falta encontrar esa paz que sólo habita en la realización personal. Ha sido una plática enriquecedora la que he tenido esta mañana con mi mejor amiga, nuevamente coincidiendo en nuestro espacio interno, una lluvia de ideas, un espejo donde sumadas se reflejan esas cualidades de las dos.
Dos mujeres creativas e inteligentes que han llegado a la conclusión de que para acceder al verdadero sentido de la vida únicamente hay que escucharnos de manera profunda a nosotras mismas. Dos mujeres enamoradas de la vida, rodeadas de miles de opciones y, justamente por eso, un poquito confundidas.
