¿Aspiración o inspiración?

¿Cuántos poemas llevamos tatuados, sin saberlo, sobre esta epidermis que se eriza cuando recuerda?

¿ A qué aspiro cuando digo? ¿De dónde nace la necesidad de decir? ¿Para qué o para quién lo hago?

Estoy sentada en una pequeña silla de madera, alguien eligió colocarla  sobre este piso de rombos blancos y negros, mismo que siempre me remite a esos espacios tan llenos de ideas de los años cincuenta.

Un perro mueve la cola al ritmo de una canción llamada Luz de día, de Matt and Kim; mientras tanto, ante los ojos de cualquiera, pareciera que me encuentro sola en esta mesa. “Algunos personajes son inventados, pero algunos eventos son reales y viceversa”. Con eso abre la conversación el mismo escritor serbio Goran Petrović que es quien  me acompaña para contarme lo que sucede cuando treinta personajes de una pequeña aldea se reúnen en un cine para ver una película. Junto con el fin de una era, el techo lleno de estrellas de aquel sitio se deshace.

Yo busco inspiración, quisiera ser como cualquiera de ellos, cualquiera que se topa consigo mismo en los estantes de novedades de las buenas librerías, como ese otro que compone notas para contar una historía escrita con tinta indeleble sobre la piel de quien la escucha.

¿Cuántos poemas llevamos tatuados, sin saberlo, sobre esta epidermis que se eriza cuando recuerda? Y la vida... entonces... pasa, y tan sólo sigue así, sin más, sin hacer el fútil intento por detenerse. Siendo, sin aspirar a nada, la existencia avanza, arrastrando, arrasando con ella misma, pero inspirada.

Del otro lado de la calle, sobre la banqueta, está plantado un árbol, gran testigo de lo que comunmente no notamos. Cuántos se habrán refugiado bajo su sombra... quizá existió alguno que se haya sentado únicamente para agradecer el hecho de haberse lanzado al vacío y justo a media caída haber sido atrapado por lo único que puede librarnos de morir aplstados por el sin sentido: el amor.

El amor... ese algo imposible de definir, eso de lo que tantos hablan, pero pocos conocen de verdad. El amor...  donde el adentro y el afuera se fusionan, eso a lo que aspiramos todos y que al mismo tiempo nos inspira. El amor que nos despierta, que nos provoca, que nos empuja a averiguar, pues nada es más curioso y por lo mismo más creativo que este sentimiento; el amor que ya es recuerdo y te acompaña, el que es presente y en el pecho palpita, y ese otro que aún es ilusión.

Todo lo mismo, todo fluyendo en esa acción que realiza el pulmón de la existencia: aspiración e inspiración. ¿No se trata de eso el juego? Una danza entre el quiero, el por qué lo quiero y el cómo lo consigo. Ya se fue el perro, es una lástima, pues seguramente hubiera sido divertido atestiguar el vaivén de esa casi extremidad, al compás de esta música que se mezcla con el ese gritito lejano que hace una patrulla. Mmmmmm... ¡Qué delicia aspirar tan sólo a eso! A buscar la inspiración no únicamente en lo que hacemos, sino en lo que somos.

Temas: