Exponer

Artista es quien construye un puente para transitar entre el mundo del afuera y ese otro bajo la piel, sabiendo que para atravesarlo habrá que demolerlo.

Todo está listo. ¡Llegó el gran día! Las protagonistas del momento ya ocupan su lugar, cada una con su propia tarjeta de presentación.

¿Cómo se llama? ¿Cuál es su técnica? ¿Cuánto cuesta? Las mesas y las sillas perfectamente acomodadas, la música y los meseros de pie junto a la barra, esos señores, que se encargan de colocar los automóviles como soldados, están formados frente a la puerta. Los últimos detalles: el hielo, las toallas y el papel de baño. No falta nada y, sin embargo, mientras camino hacia la pastilla que controla toda la instalación eléctrica, empieza a correr desbocada mi imaginación...

Quizá no encienda. Aparece en la pantalla de mi mente  la imagen de los invitados alumbrando la obra con la linterna de su teléfono celular, lo que me produce cierto alivio, pues no tendría que desnudarme frente a todos con la luz prendida.

De eso se trata: de desvestirse, de enseñar lo que a simple vista no se nota, de exponerse.

Crear es ese juego mágico por medio del cual elegimos significarnos, esa es la razón por la que el acto creativo tiene más que ver con la pala sobre la arena que con el tesoro.

Artista es aquel que intuye que su labor es la de construir un puente para transitar entre el mundo del afuera y ese otro que habita bajo la piel, aun sabiendo que para poder atravesarlo habrá que demolerlo.

La luz está encendida, el espacio abierto y preparado para la crítica y el diálogo. Los muros palpitando por esa vida que de ellos se suspende. Veo esos lienzos que, emocionados, tiemblan ante el veredicto. ¿Alguno lo comprenderá? ¿Morirán o habrán de renacer bajo miradas extrañas?

El derecho de la obra es el de ser percibida como esa íntima conversación que el creador tiene con la vida. Su responsabilidad es la de ocupar un lugar en el espacio que provocará un efecto. La obra se transforma frente a la síntesis emocional, intelectual y sensorial del que la observa. Esa es la magia, las posibilidades distintas de un mundo interno que se expande al ser expuesto.

Exponerse es expandirse, entregarse, mostrar esa parte esencial e intentar hacerle un regalo al mundo; creamos para darle un lenguaje a esa voz que es el grito mismo de la vida. Empieza a llegar la gente, me siento contenta de compartir esta intimidad con ellos, es un momento de celebración, la vida misma lo es, toda hay que celebrarla, pues todos los días nos despertamos para exponernos, para salir al mundo y enseñarle de la forma en que se pueda nuestra voz. Hoy lo hago a través de una muestra de pintura, pero me emociona ignorar de qué manera lo haré mañana. La existencia es arte en su más amplia y profunda manifestación. Creamos nuestra propia vida para compartirla y, de ser posible, dejar una huellita por ahí en la arena.

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