La relación más importante

Nacemos siendo y crecemos para dedicar nuestra existencia a hacer y cumplir con el “deber ser”.

Las relaciones son lo más importante y, por lo mismo, lo más complejo de la vida. Ayer escuché una frase que me parece fundamental: “Para tener relaciones profundas y sólidas es absolutamente indispensable empezar por relacionarnos de esa manera con nosotros mismos”. ¿Cómo es posible que la humanidad tenga claras tantas ideas y, sin embargo, la inercia cultural y educativa nos lleva justamente hacia el lado contrario? Nacemos siendo y crecemos para dedicar nuestra existencia a hacer y cumplir con el “deber ser”.

La opinión más importante es la de los otros. Nos valoramos según los juicios de personas que se valoran también dependiendo de su propia popularidad y aceptación. Perdemos nuestro tesoro más valioso, nuestra autenticidad, por miedo a dejar de pertenecer en un mundo claramente corrompido, metalizado, limitado y, aunque me duela escribirlo, empobrecido en el espíritu. La relación con nosotros mismos, de ahí parte todo lo demás. Nos reflejamos en espejos empañados, personas que no dicen lo que piensan y tapan silencios incómodos con conversaciones vacías que nos transportan de un lugar común a otro. La relación profunda y auténtica con nuestro yo, eso que muchos definen como locura, es la única forma cuerda de existir.

Si el sistema educativo incluyera como materia de primordial importancia la meditación, las personas contarían con una herramienta más para conocerse y, por ende, aceptarse y amarse, lo que provocaría en automático una actitud de respeto y tolerancia mutua. ¿Qué necesitan las relaciones para ser sencillas, disfrutables, exitosas y un espacio de expansión humana? Muy fácil: se requieren de dos seres que se amen a sí mismos y que estén dispuestos a sumar su fuerza y amor para hacer de este mundo un lugar mejor. Es el momento de despertar, de saber que cada uno somos un milagro y que hemos llegado con una misión individual, que siendo lo que no somos, estamos cometiendo traición no sólo contra nosotros mismos, sino contra la vida.

Hemos aprendido a buscar respuestas afuera, a que nuestros estados emocionales dependan de otros. Educamos a nuestros hijos a competir y a medir su valía por lo que tienen. Amor, de eso se trata este juego, de amarnos, de expandirnos, de vivir contentos. Somos cocreadores de esta experiencia... Eso somos. Tenemos la libertad de elegir cómo vivimos cada momento. Somos seres capaces de manifestar en el universo lo que pensamos. Si hoy te preguntara en qué mundo quieres que vivan tus hijos, seguramente contestarías que en un planeta amoroso. Confundimos el concepto: el amor no es dar y recibir, es amar incondicionalmente. Si quieres amor, sé amor y transforma tu entorno desde tu corazón. Llevo un tiempo en un proceso de transformación y he estado en contacto con personas que saben mucho más que yo; quiero seguir aprendiendo que soy mi cuerpo, pero que también soy algo más, que soy mis pensamientos, pero algo más: que sí soy mis emociones y mi circunstancia, pero no sólo eso, que soy un ser humano que, como tú, habita en este tiempo y espacio divino. Soy feliz mientras escribo, soy y estoy agradecida de estar aquí. Abrázate, conócete. Ama ser tú, ve tu cara frente al espejo.

Temas: