Crisis de mujer
Somos seres complejos: universos, planetas, mares, olas. Contamos cuentos en la noche y por la mañana escribimos nuestra novela.
Tu carta me toma por sorpresa, pues siempre que te pienso, imagino esa sonrisa que ilumina tu espacio entero. Siempre tan llena de pasión, fluyendo en tu propio río de sabiduría, y entonces recuerdo: eres mujer, tan mujer que tienes que atravesar por esos ciclos de dar y perder la vida, de estar arriba y abajo, de vivir destellada por la luz o añorando una linterna. Amiga mía, no me preocupes, sé que estás en un momento en el que recuperas esa fuerza que se gasta con el simple hecho de estar viva, ser madre, hija, esposa, amante, amiga, maestra, entre algunas otras cosas. Es un asunto que requiere de nuestra atención, ahí dejamos mucha de nuestra energía y nos recargamos en esos momentos de quietud y pausa que algunas veces confundimos con aburrimiento. ¿Aburrida, tú? Eso no es cierto. ¿Sola? Tampoco es verdadero. Aquellos sentimientos se crean mitad por nuestras hormonas, un cuarto por nuestra historia y otro por la ociosidad. ¿Confundida? Como todos.
Las mujeres somos seres muy complejos, universos, planetas, mundos, mares, olas que vienen y regresan que han de regirse por la Luna, que le dice cómo comportarse a la marea. Vida, damos vida, somos ventana, eso es nuestro ombligo, una ventana. Y después más al sur está la puerta. Somos carne llena de espíritu, somos alma que provoca, somos placer, amor, encarnamos el amor, tenemos alas, labios por donde escapan las palabras, somos... Eres, soy, somos diosas: complejas, cada una con su niña interna, cargando historias, contamos cuentos en la noche y por la mañana escribimos nuestra novela. ¿Te puedes imaginar? ¿Vivir creando y crear viviendo? Y entonces pasa que nos sentimos como dices, que nos llegan las crisis, que los días nos revuelcan y por las noches no podemos dormir. Somos mujeres, querida amiga, MUJERES... Con todo lo que implica la palabra, con nuestros ciclos fuertes, vulnerables, espontáneas, totales, a pedazos, siempre renovándonos, morimos y renacemos, mujeres de carne y hueso.
Querida:
Escribe, lee, crea, vive, sufre... Pero todo hazlo con la misma fuerza, con esa misma energía con la que haces el amor. Tenemos tantas concepciones, ideas prefabricadas que nos gobiernan, desmenúzalas. Haz una larga lista de creencias impuestas y, por lo tanto, falsas que en ocasiones permites que conduzcan tu existencia. Tú misma me lo has dicho: ¡vence tus miedos! ¿Cómo podrías aburrirte en el intento? Desacelera, pero nunca detengas el paso; no eres de esas. Estás hecha de materia viva, cambiante, que sube y baja, que muere y revive como esa mujer esqueleto del capítulo quinto de ese libro que tanto disfrutamos. Julia...te admiro, te amo, te acompaño desde aquí. Sí, la vida es una carretera, una rueda de la fortuna y, al mismo tiempo, un juego de ajedrez. Tantas cosas. Un laberinto que transitamos día con día, pero cada vez más conscientes, cada vez más entregadas, cada minuto más valientes, más nosotras, más mujeres, más vivas. Te voy a hacer una pregunta que espero pronto puedas responderme: ¿qué elegirías hacer hoy si este fuera el último día de tu vida? Estamos vivas. No perdamos de vista eso. Hoy es todo lo que tenemos; hoy, si estamos angustiadas, tristes, confundidas y aburridas, debemos estar conscientes de que es tan sólo cuestión de perspectiva. ¿Crisis? No, ¡es tan sólo vida!
