Insomnio
Meditaciones guiadas para dormir, para relajarse, para sanarse en el sueño, para rejuvenecer mientras duermes...
Son las dos de la mañana, estoy sentada a la mesa de mi cocina, no puedo dormir. Lo he intentado todo: meditación, autohipnosis, pastillas naturales, leche caliente; bueno, hasta me he puesto a contar borregos, literalmente: los imagino saltando una bardita de madera, borregos verdaderos , y de repente alguno se rehúsa, otro se pierde, en fin, que mi mente pone tanta resistencia que empiezo a imaginar el ruido y el olor de esos lanudos animales. Pienso en el karma, algo malo, muy malo debo estar pagando, pues esto que me lleva sucediendo por semanas es una absoluta tortura.
Mi conciencia está tranquila y, sin embargo, no logro acomodar la cabeza sobre esa almohada que tantas otras ocasiones ha sido una cómoda y buena consejera. Mientras más avanza el reloj más me desespero, pues temprano tengo una clase de yoga y una vida a la que, se supone, debería llegar por la mañana descansada. Subo las escaleras y regreso a la recámara. Tengo un aparato de sonido del cual sale un puntito insignificante color rojo, pero ha ido creciendo hasta iluminar todo el cuarto. Me levanto y lo tapo con un libro. “Ahora sí”, digo en mi mente, le doy vuelta a la almohada, no sé bien cuál es la razón; acomodo la cabeza, el hombro, cada parte de mi cuerpo. Aliso la sábana con la mano, ninguna arruga, nada puede molestarme ahora.
Respiro, me concentro únicamente en mi respiración, pero los sonidos de la noche no perdonan, la madera cruje, algún auto desvelado, incluso consigo oír el murmullo de esa bomba de agua que vive en la azotea. Música... Eso es lo que necesito; algún sonido relajante. Me levanto a encender la luz para escogerla, al final mi decisión es Bach y, bueno... ¡ojo pelón!
Volteo a ver el reloj: ¡las 04:36! Mis ganas de caer en los brazos de Morfeo ya se han convertido en una inminente necesidad. Meditación. En ese momento estoy convencida. ¡Cómo no empecé por ahí! Busco meditaciones guiadas para dormir y en ese momento aparece en mi pantalla una cascada de información, mil productos contra el insomnio están a mi disposición, en algún momento se cruza por mi mente ir en búsqueda de mi tarjeta para estar preparada en caso de que se repita otra noche como ésta, pero aun dentro de mi creciente cansancio y desesperación me queda algo de cordura. Meditaciones guiadas para dormir, para relajarse, para sanarse en el sueño, para rejuvenecer mientras duermes, para quitar la ansiedad, para contactar con tus ángeles.
Yo simplemente ¡QUIERO DORMIR! Por fin me decido por una y empiezo... la voz de una mujer con un muuuy marcado acento centroamericano, utilizando palabras rimbonbantes, que usualmente no me gustan, pero que para esta hora me paran los pelos de punta. ¡Una película! Que gran idea, debe ser lo suficientemente lenta, repetida y poco interesante para que me provoque acurrucarme en el sillón. Después de varias vueltas a la guía de programación termino viendo Harry Potter 2, pues ni por arte de magia. ¿Qué hace uno en estos casos? No tengo pastillas para dormir. Volteo hacia la ventana, ¿tendrán los vecinos?
En algún rincón de mi cerebro se me cruza la idea de meterme por su ventana. Quizá sea mejor hablar de esto. Tomo mi pluma y mi cuaderno, y así, frente al sol, que hace su llegada junto con el amanecer, me siento a escribir; desde aquí... imaginándote roncando a pierna suelta te mando un saludo ¡desvelado!
