Lo inefable

El verdadero artista es aquel que sabe conformar la voz universal, plasmarla y posteriormente compartirla.

Y... Formalmente uno no aborda lo que pretende expresar con una conjunción, pero, más que buscar palabras, he resuelto dejar que esta pluma suelte cada signo como, llegado el tiempo, lo hace una buena madre con la mano de su hijo. Esa es la fuerza que lleva esa letra que, siendo una cosa, suena a otra, como tantas cosas en la vida. El que pretende decir posee dos opciones, beneficiarse de callar o intentar nombrar con palabras gastadas lo inefable.

Hoy te escribo desde una banca de camellón, de esas que por hogar toman algunos vagabundos. La inspiración me sentó aquí, pero al pretender escribir me doy cuenta de que aquello que pareciera una reflexión es, en realidad, un conjunto de ideas desacomodadas que, al detonar en mi cabeza, me produjeron una emoción parecida a la certeza. Mi voz interior está hablando, yo la escucho atenta, pero eso tan importante que pronuncia elige expresarlo en otro idioma carente de consonantes y vocales, esa misma lengua abstracta y divina que poseen las hojas verdes de este árbol que me resguarda. No se trata de un sonido tímido ni acobardado, mucho menos de un grito ensordecedor, es simplemente la conciencia declamando en su tono natural. Cierro los ojos para disminuir algunos decibeles a los sonidos que vienen de afuera y, así, tal vez tenga la suerte de contactar con el traductor que, seguramente, vive dentro de cada uno de nosotros. ¿Alguna vez ha llegado a ti esta sensación, la de saber que sabes y no entender qué es?

Nuestra mente vaga por el universo interno y externo y es en ese recorrido en el que recopila todo tipo de información hasta el punto en que explote aquella alquimia. En ese instante el mortal transeúnte se transforma en observador, se eleva a pensador y se convierte en ese ser que traduce y transmuta lo invisible a lo visible, la idea materializada en garabatos a los que llamamos palabras. Un proceso mágico que perseguimos todos: encontrar respuestas dentro de esta gigantesca duda existencial. Los escritores lo hacemos por medio de las letras. Lo inefable es aquello que, por su excelencia o sutileza, no logra ser expresado con palabras.

Me habría gustado nacer poeta, entonces desde la banca de un camellón podría al menos hacer el intento de transcribir y expresar de modo terrenal lo que no es físico. Estamos también los otros, quienes agradecemos la existencia de esos seres dotados de talento que, al digerir su propio sentir, nos ayudan a entender el nuestro, pues si bien es cierto que para algunas cosas pareciera que no existe sílaba que alcance, alguno que otro las encuentra y es cuando el arte tiene la capacidad de sublimarnos. Los que pintan utilizan el pincel; el niño, el juego; el sabio, la experiencia; la ciencia es la respuesta del ateo, los números son la herramienta del matemático, las notas, lo son para el músico...

El verdadero artista es el que sabe conformar la voz universal, plasmarla y compartirla. Me he sentado en este banco para agradecerle al arte lo que me ha dado, pues de él nacen mis preguntas y respuestas, él es mi intérprete.

Observo a mi alrededor. El tiempo y el espacio se revelan en toda esta vida, mi corazón late más fuerte, mientras soy consciente de mi presencia y, aunque no logro plasmar esa idea que me hizo detener el paso, pareciera que sí he conseguido suspenderme en el instante para quedarme admirada del milagro de estar viva. Personas pasan frente a mí, las miro ostentar su exclusividad. Es la hora en que los cuervos vuelven a casa para entonar su hermoso e inefable canto.

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