Soñar...

Casi nunca es lo que pasa, pero cuando las camas se tornan mundo debes estar muy atento para no olvidar que estás soñando.

Hay un mundo, otro mundo, donde las cumbres se desmoronan por un suspiro y las espinas tienen rosas que lastiman. Existe, y porque lo sé, te lo digo: una frontera sutil donde las irrealidades se reinventan y el papel se hace más blanco con el tiempo. En la patria de la fantasía no existen las exactitudes, es por eso que la electricidad no posee ninguna ley de comportamiento y las personas no tienen una sombra que los siga.

Por alguna razón, que desconozco, en los sueños nunca faltan las escaleras, el problema se presenta cuando hay más de una. Las decisiones las tomo despierta, a ojos cerrados no me gusta. Cuando acaba uno, otro principia, pero es importante que lo sepas: no es sistemático, no se parece al orden que lleva la televisión. El tiempo entre los sueños puede ser eterno o de un instante, todo depende de tu curiosidad.

En uno de esos viajes sin cuerpo me topé con un hombre. Él me confesó a qué se debían sus desvelos. “Por cada noche que no duermo se me cae un pelo”. Él envidiaba a todo aquel capaz de acostarse a descansar, por eso criaba ovejas, no por su lana, sino para saldar su insomnio al contarlas por las noches. Al poco tiempo volví a encontrarme al personaje, aún le quedaban siete pelos, había abierto una cantina donde regalaban barbacoa y, ahora, dedicaba sus noches enteras a criar gallos para poder despertar.

Ese mismo hombre me dice que me ama y, aunque le creo,  tres cosas le pido como prueba. La hoja más verde de un árbol, un pedacito de esa cuerda imaginaria de la que cuelga la Luna y un minuto condensado en una bola de nieve, de la que no se derrite nunca. Todo eso me lo da envuelto en la sonrisa más sincera, ni en el sueño sé qué hacer con aquello que recibo, así que lo guardo. Ya llegará la noche en que soñaré con alguien que habrá de pedirme lo mismo y yo se lo daré, con todo lo que eso represente. Sabía que soñaba esa noche, cuando en isla se transformó mi cama, cosas así no pasan en la vida real...

Casi nunca es lo que pasa, pero cuando sucede, cuando la suerte cambia y las camas se tornan mundo y las coordenadas de la tierra entera se manifiestan en las líneas de tu mano, debes estar muy atento para no olvidar que estás soñando.

Cada día sueño más despierta, decoro la realidad con esos globos que llevan en vez de aire mis ilusiones. Muchos explotan frente a mis ojos, en un principio me asustaba el ruido. Hoy sé que es parte de la belleza. Si todas las ilusiones se cumplieran, ¿qué sería de nosotros los soñadores?

Vivir en un mundo tan real me parecería más que aburrido, perverso. Lo que para mí es el oxígeno, es para la magia la sorpresa. Peor, todavía que el suicidio, sería perder las ilusiones.

Por alguna razón intento colgarme de algo, por lo mismo, sueño con columpios. Duermo poco, y ni extenuado mi cuerpo se rinde a esa imperiosa entrega donde la conciencia de ser yo se desvanece por un rato. Voy a revelarte algo que nadie sabe. He intentado soñarme como otro, pero nunca lo he conseguido...

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