Las caídas

Para los esguinces en el cuello hay más remedios que para los sueños rotos.

El caer de la tarde, la caída del Muro de Berlín, las caídas de la Bolsa de Valores, la calvicie que no es otra cosa que la caída, esos hermosos filamentos que nos decoran la cabeza; cuando cae el telón, cuando se nos viene abajo un sueño y, por si fuera poco, cuando rodamos por las escaleras. Eso es lo que a mí me sucedió. Hace cuatro días, paseando por la calle, tuve la brillante idea de intentar producir una fotografía  donde yo sería el contenido de una enorme bolsa de regalo, misma que coloqué justo frente a una hermosa puerta de madera, simulando esas canastas que dejan en la entrada de las casas con bebés abandonados; bueno, pues para no hacerte el cuento largo, ya habiéndome colocado en el punto exacto, midiendo la distancia entre la puerta y los laaargos, duros y despiadados escalones, comenzó mi acto, sólo que acto seguido, justo cuando tenía las manos y piernas atrapadas dentro del costal, el universo hizo un movimiento extraño que, obviamente, no entraba en dichos cálculos y la bolsa junto con el regalo ( yo ) comenzó a rodar escalera abajo .

Sólo las personas que han sufrido un considerable resbalón entenderán de lo que les estoy hablando. Imagina de repente que los segundos se vuelven horas, el tiempo se detiene, tu vida pasa frente a tus ojos en cada rebote, tu cuerpo choca contra aquella superficie, tus manos buscan, incluso, rasgas el aire con las uñas en ese angustioso intento de detenerte de donde sea posible, pero no lo es. La gravedad actúa en tu contra. ¿Qué puede hacer una mujer desorientada y dentro de una bolsa gigantesca contra las leyes de la física? Pero así suceden las cosas cuando nos pasan. Esa tarde me vi tirada al final de una escalera. Doloroso, pero no tanto como cuando nuestras ilusiones terminan de la misma manera sobre la banqueta.

He pasado muchas veces por procesos dolorosos, físicos y emocionales, y hoy te puedo decir que para los esguinces en el cuello y las contusiones hay más remedios que para los sueños rotos. Pero todo es vida. La existencia es accidentada por simple circunstancia. Está llena de sorpresas buenas que nos llenan el alma, de regalos, de esos milagros que vivimos y gozamos, pero también está la otra cara de la moneda, la que nos detiene y nos pone en pausa, el sufrimiento que existe porque es la forma en que la vida te dice que pares, que te detengas, que mires para adentro y replantees.

Es ahí, cuando estás acostada en la calle y todos miran tus heridas, cuando sabes que ya no hay más abajo, que sólo te queda levantarte. Y entonces te levantas y das unos pasos dolorida, y te pones un collarín, y te proporcionas un analgésico. Y vas a tu fisioterapia... Y vas mejorando paso a paso. Cuestión de tiempo como en todo. Lo mismo para las cosas del alma y el corazón. Tiempo, pero también enfoque, tener la claridad de que queremos estar bien y tomar como medicinas buenas decisiones. Todos hemos caído, de ahí viene el dicho: “El que no cae, resbala”, y todos volvemos a levantarnos, y seguimos en esta lucha que libramos entre los escalones de una historia que es la nuestra, intentando ir hacia arriba, siempre con la mirada fija hacia el final de esa escalera, sabiendo que llegaremos, pues no importa de qué tan abajo vengas: el que lo busca lo consigue. Hoy me encantaría estar ya en ese peldaño donde tengo fija la mirada, pero tengo paciencia y confianza. Sé que mi cuerpo habrá de curarse y mis sueños de acomodarse. Levantémonos los caídos, no hay tiempo que perder, fluyamos hacia ese lugar al que nos dirigíamos en el momento del accidente.

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