Mi sombra

Cuando las cosas llegan a nuestros oídos debemos prestarles toda la atención.

De desayuno, un plato de avena; un fantástico té chai y una diminuta manzana orgánica. Las campanas y los cantos comenzaron a sonar desde las 5 a.m. Al poco tiempo me encontraba en el templo, confundida sobre si debía o no entonar en sánscrito (que no entiendo) diferentes melodías. Es la primera vez que visito un ashram, uno de estos centros de retiro donde se busca... ¿Qué se buscará? ¿Qué estaré tratando de descubrir y por qué en mis vacaciones?, pudiendo estar en una playa o descubriendo algún rincón recóndito del mundo, libremente he elegido venir a las orillas del río Hudson a una granja en medio de la nada llamada Shanti Mandir.

Hoy es mi segundo día, empiezo a entender cómo se maneja esta pequeña comunidad: algunos preparan la comida, está el que se pasa la mañana jugando a la jardinería; en fin, que aquí se viene a trabajar. No soporto lavar platos y me supongo que justamente fue la razón por la que ése fuera mi ritual de bienvenida. Hoy mientras todos trabajan yo escribo, y me parece que equivale a mis horas de servicio. A las 10:30 hrs., hay clase de yoga, así que cuando termine de contarte dónde estoy tendré un poco de tiempo de regar las flores. Me fascina descubrir nuevas formas en las que se manifiesta la naturaleza. Ayer descubrí a la reina Ana, aquí la describen como a una plaga, yo prefiero verla como una flor salvaje.

Es hermosísima, compuesta de miles de casi microscópicas florecitas blancas que se van asociando hasta que el resultado es algo magistral y metafórico: flores individuales que se agrupan hasta formar un todo. ¿Crees que nuestra búsqueda —me refiero a la de todos los seres humanos— sea finalmente la misma y sólo la disfrazamos de distintos intereses?

¿No se tratará de ser parte de esa flor maravillosa? No hay nada afuera, todas las respuestas están dentro de ti, todo lo que necesitas saber ya lo sabes. Ayer hojeaba un libro, un monólogo interno de Emerson debatiendo sobre la compensación, sobre las cosas que la vida misma nos da a cambio de las que nos quita, sobre los contrarios, sobre esa cantidad de oscuridad que tiene aquello que ante nuestros ojos es resplandecientemente luminoso. Aquí estoy, desayunando con mis sombras, con ésa que me confronta desde adentro, con la que tiene un lenguaje ambiguo, también con ésa que se siente sola, con la que tiene miedo, la que amordaza a mi espíritu, cuando está sólo ansía expandirse y reír a carcajadas mientras se desborda en el amor. Estoy aquí porque necesitaba el silencio y reconocer a cada una de esas Julias que viven hoy en mí, reconciliar a esa loca creativa que duda de sí misma, hacer amigas a la niña asustada y a la temeraria, a la madre que se exige demasiado... A ésa planeo olvidarla por un rato. A la amante, a la amiga, a la que ama la vida, es principalmente con ella con quien quiero tener una conversación intensa. Un diente de león se ha posado frente a mí, se quedó suspendido unos segundos delante de mi corazón y volvió a elevarse. Llevo dos días y en mi libreta de hallazgos está el nombre de la flor salvaje, una catarina que compartía una hoja con un escarabajo, un pájaro de un amarillo nunca antes visto, un gurú que presume de iluminado y hace que las personas se hinquen ante él y le brinden todo tipo de ridículas reverencias, uno de esos bosques en los que no puedes perderte porque tienen un camino. Con los días se irán llenando las hojas de mi cuaderno, mientras tanto tendré fuertes y profundas pláticas con mi reflejo negro, trazado con tinta de ausencia de luz, sobre este hermoso piso de madera.

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