¡Buen día, grupo!

Los que escribimos buscamos entretener nuestra cabeza acomodando palabras, buscando ritmos y todo aquello que proviene del filtro del oficio.

Todos formamos parte de uno, de un grupo étnico, familiar, geográfico, social, cultural, de género ....Nos agrupamos. Eso hacemos por una cuestión instintiva a la que llamamos pertenencia. Todos queremos ser parte de algo. Incluso, el impulso de ese artista que necesita muchos espacios de soledad viene de esa necesidad de compartir al ser interior que a su manera manifiesta.

Ayer por la noche subí a mi terraza con la clara intención de escribir un rato. Decidí hacerlo sobre un cuaderno blanco, por si acaso me veía en la necesidad de hacer uso de mis escasas facultades de dibujo, pues no siempre se encuentran las letras necesarias. Los que escribimos buscamos entretener nuestra cabeza acomodando palabras, buscando ritmos y todo aquello que proviene del filtro del oficio.

Hoy estoy sentada sola frente a una ventana de donde se suspende un pequeño colibrí de madera, que vuela justo en este instante junto a dos luceros. Una de estas lucecitas que embellecen la totalidad del universo es la de mi madre. Tuve una madre maravillosa, tan ella, que logró convertirse en una estrella. “Esa es mi estrella”.

Lo pronunciaba tan segura, que aun ahora, que soy consciente de que no es en el cielo, sino en nuestros corazones donde los muertos brillan, aun teniendo esa certeza, levanto la cabeza y ahí está. Ahí la encuentro, en esos lugares llenos de magia, en esos mismos sitios de donde viene la voz de mi alma, de donde nace el grito afónico que pronuncia las palabras con las que planeo crear este puente entre tu y yo. Ahí está la conexión, la pertenencia de la que te hablaba. Lo que hoy busco es encontrar a esa mujer vieja en mi interior, a esa dama tan antigua como la existencia e intentar manifestar aunque sea un poco de su sabiduría.

Te hablo desde mi profundidad, dejo que mi pluma cante libre sobre el papel, sólo para decirte que te amo. Un grito de amor lanzado al aire. ¿Lo oyes? Dicen que no todo se escucha con el oído, pues el alma no sólo está hecha de huesos, de esos pedazos de huesos que vamos guardando desde niños. El alma, cuando escucha, cuando siente, cuando se siente parte, cuando el alma pertenece... El alma canta y cuando lo hace mira, mira profundamente lo que a simple vista no se ve. Cuando el alma se siente acompañada cambia de piel, se vuelve sensible y cada poro se transforma en un par de orejas atentas.

Entonces se escucha de verdad. Y no importa ya lo que se escribe, si parece un texto de superación personal, un ejercicio de escritura automática o un poema. Pues lo que se ha dicho, se ha pronunciado con esas cuerdas vocales que, por llamarlas de otro modo, le salen también a la “esencia” en la garganta.

Desde ahí escuchaba yo a esa loca sabia, artista, fantástica, a la niña interna de aquella mujer que inventaba personajes imaginarios, que conquistaba planetas montada en su unicornio, pues es Venus esa estrella que ella señalaba con el dedo. Planeta, estrella, mariposa blanca, sirena ... Qué más da. Lo importante. ¿Qué es lo importante? Lo olvidé.

Temas: