Caperucita
Hoy, más que perdida, estoy en un maravilloso proceso de descubrimiento; he partido al encuentro de mí misma hacia ese lugar del que no hay regreso. Hoy estoy lista y fortalecida para salir a la verdadera vida.
Hace algún tiempo fui con un vidente. No suelo creer en esas cosas, mas aquel hombre con turbante y bata negra me dijo algunas cosas, sobre todo tan universales, que despertaron mi curiosidad.
Me dijo: “Las personas se pierden cuando buscan su camino, más esas que como tú buscan por sí solas, las que evitan ir pisando sobre otras huellas en la arena. Hay quien se pierde en el mar, eso es muy peligroso, pues hay pocas historias de éxito en los naufragios, otras se quedan sin rumbo en el desierto, lo cual es también muy complicado debido a lo agreste de las circunstancias; por último están esas almas que rondan por el bosque, ahí te encuentras tú, dando vueltas sin saber cómo salir. En el bosque hay agua, resguardo y comida, pero igual se siente una profunda soledad y un terrible miedo de encontrarse con la bruja. Para salir debes ir marcando tu camino, dejando rastros permanentes y no esas migajas que a su paso fueron tirando en el cuento Hansel y Gretel. Debes ir marcando incluso con sangre si es necesario cada árbol para saber cuándo nuevamente estás pasando por ahí. Los árboles representan los errores y la maleza esas heridas que nos vamos formando cuando no aprendemos y seguimos tropezando con lo mismo”.
Ayer hojeaba uno de mis libros favoritos, Mujeres que corren con los lobos, de Clarissa Pinkola, una lectura obligada para las mujeres y para cualquier hombre que esté interesado en desenmarañar el gran y mágico misterio femenino.
Se trata de un texto que se basa en la recopilación de cuentos antiguos que son interpretados por una mente que ha adquirido una dosis asombrosa de sabiduría. Uno de estos cuentos se titula Valisa, que me parece la versión profunda de Caperucita roja. Una mujer que se pierde en el bosque y aterrada y sola sigue su camino sabiendo que en algún momento habrá de toparse no con un lobo hambriento, sino con la bruja, la hechicera, la maga. La que sólo le mostrará su camino hacia la libertad a cambio de sus ideas originales y creativas.
¡Qué metáfora! Hoy me siento más que nunca en ese sitio, intuyo que cada segundo que pasa me va acercando al momento del enfrentamiento y, por primera vez, me siento preparada, estoy lista para quitarme el velo de todas esas ideas que llevo cargando desde siempre, de todos esos “deber ser” que no me permiten hacerle caso a ese grito desesperado y ya afónico que llevo dentro de mí profundamente.
La libertad es únicamente eso: llegar a ese sitio donde aceptamos nuestros miedos y los hacemos nuestros, algunos los superaremos, otros no, pero definitivamente a partir de ese momento seremos conscientes de que la verdadera vida, el tesoro, el gran regalo es sólo para los valientes que salimos a buscarlo.
Y como dicen por ahí: “El que busca, encuentra”. Hoy sé perfectamente lo que voy a pedirle a esa maga en el momento en que la tenga frente a frente. Le pediré que me dé la fe para confiar en esa voz de la mujer sabia que le llaman intuición.
Le pediré fuerza y valor para enfrentar como guerrera cualquier obstáculo que me distraiga de mi camino hacia la luz, que conserve mi inocencia... Pues inocente no es el que no sabe y busca sólo lo bello, sino el que sabe mucho y aun así sigue buscándolo.
Le pediré que conserve en mí la compasión y la empatía, que borre los límites que tenga mi capacidad de amar, que me otorgue la madurez necesaria para hacer mi nuevo hogar bajo el techo del compromiso, que suelte un hechizo hacia mi boca para que mi saliva disuelva las palabras inconscientes.
Voy a pedirle también un corazón y una mente abierta, voy a pedirle que me regrese a mí misma, a ese sitio intacto de mi ser donde el pasado es únicamente un gran maestro y el futuro un lugar lleno de fe.
A cambio voy a alimentarla con estos años que llevo de vida, con mi pasión, con mis deseos profundos, con mi creatividad, mis recuerdos, mis tesoros y todo ese amor que tengo para dar. Hoy, más que perdida, estoy en un maravilloso proceso de descubrimiento; he partido al encuentro de mí misma hacia ese lugar del que no hay regreso.
Soy esa Caperucita que se adentró en el bosque sin saber con qué peligros se encontraría, y estoy justo ahí, la diferencia es que ella no había leído la joya del libro al que antes me refería, no estaba rodeada de mujeres maravillosas y que gracias a todo eso con lo que me he enfrentado, hoy estoy lista y fortalecida para salir a la verdadera vida.
