Ser sabios para amar...
Hoy vivimos inmersos en un sistema cuyas bases mercantiles nos hacen caer en el engaño de que dar es sinónimo de perder.
Mi admirada filósofa, hace tiempo que no te escribo. La razón es que me he tomado el tiempo necesario para gestar esas dudas que has venido a sembrar en nuestro diálogo anterior. Son tantos y tan profundos los conceptos que vas esbozando con tus letras, como el mismo título que encabeza hoy mi respuesta .
Afirmas, como lo hace Erich Fromm, que para amar se requiere un proceso, que no es algo que nos sucede por causa del azar. El filósofo —sicólogo— en su maravilloso texto El arte de amar complementa estas ideas que expones con la noción de dar. Hoy vivimos inmersos en un sistema cuyas bases mercantiles nos hacen caer en el engaño de que dar es sinónimo de perder, de sacrificar, cuando el significado de esa acción es, precisamente, lo contrario: dar es la acción más potente, al hacerlo me experimento desbordante, pleno, vivo, compartido, exponenciado, brillante... esa es la única manera de manifestar a nuestro ser interno.
Mencionas también el perfeccionamiento como herramienta para procurarnos a nosotros mismos algún bien, no de gozo efímero, sino de aquellos que te conducen por el camino a la virtud. ¿Te imaginas el perfeccionarnos en el arte del saber dar amor? Ahí me encuentro hoy, tratando de elegir caminos, ya he desandado varios, para lo que me queda claro que hay que ser un tanto valiente y otro poco ingenua.
Mientras escribo me pregunto: ¿con qué herramientas cuento para hacerlo, para intentar caminar hacia adelante, de la misma manera que lo hacen Eva y Adán en aquel mito, en el que dejan su forma prehumana para dirigirse a otro tipo de existencia, donde por primera vez son conscientes de su separatividad?
¿Cómo siendo consciente de que me dirijo hacia un futuro incierto puedo aún superar el aislamiento y esa angustia existencial que me provoca? Según Fromm existe una manera: el amor maduro que nos capacita para que dos seres se compartan sin perderse en el otro y de esa forma se vuelvan un nosotros, un tú y yo, donde esos poderes inherentes al hombre se hacen presentes. Amar, una ación concreta difícil de definir, donde se integra el cuerpo, el instinto y la experiencia. Un acto libre, pero consciente y dirigido, una dirección en sí misma, un camino, el del amor.
Amiga, quiero dejarte pensando, pues sé que ese es tu pasatiempo favorito. Empiezo a saborearme tu respuesta desde que formulo estas preguntas: al ser una especie gregaria a la que pertenecemos, y pertenecer es medular en nuestro bienestar, ¿cómo podemos escapar de aquellos estándares a los que esta sociedad nos enfrenta? Si es el amor un acto de profundo compromiso y libertad, ¿cómo construimos esa sabiduría auténtica que nos guiará a honrar y manifestar ese sentimiento? ¿Qué sugieres para acomodar esos valores que se nos desacomodan constantemente porque son más ideas que virtudes?
Te dejo, amiga, pues por el momento me dirijo al supermercado. Resulta que se me ha hecho tarde para preparar la comida y eso es como otros asuntos del mundo terrenal, que no saben esperar.
