El banquete del amor

Me imagino que estoy en esa sobremesa donde el anfitrión está exponiendo su teoría del castigo que los dioses nos han impuesto al partir por la mitad a esos seres andróginos a los que nada les faltaba.

¿Por dónde sigo? Y digo sigo, porque después de lo que ya está dicho en este, y en todos los otros temas, me es imposible comenzar.

He esperado a que el silencio descienda desde aquella negrísima altura que tiene el cielo cuando anochece, pues a esta hora desaparecen casi por completo las interrupciones, y entonces podemos abocarnos a la reflexión de ciertos temas: divinidad, creación, virtud, felicidad, el todo, la nada, la vida misma girando en torno al dios Eros. Me imagino que viajo por el tiempo y me hago un espacio en esa sobremesa donde el anfitrión está exponiendo su teoría del castigo que los dioses nos han impuesto al partir por la mitad a esos seres andróginos a los que nada les faltaba, condenándonos así a buscar nuestra otra mitad, justo en ese momento aparecería yo en ese banquete que dispuso Platón para sus amigos y colegas.

Primero que nada me presentaría ante ellos diciendo: “Soy Julia: enamorada del amor y admiradora del pensamiento”. No tendría sentido explicarles que vengo de otro tiempo, pues el tema a tocar me parece tan intrínseco a la naturaleza humana, que trasciende todo tipo de temporalidad. Es probable que eligiera comenzar mi discurso lanzando una frase como esta: “Vengo de un lugar lejano, donde Eros ha llegado a ser una obsesión instantánea y, por consiguiente, desechable. En esas tierras lejanas la palabra amor implica conquista, seducción, utilización... Somos seres prescindibles a causa de una profunda ignorancia”.

¿Quién lo diría? Los siglos de distancia no nos acercan más a la definición completa de esa palabra de cuatro letras que en el fondo ansiamos todos: amor... Ese es el verdadero juego, por lo que vale la pena jugarse hasta la vida, pues una vida sin amor, ¿qué sentido tiene ser vivida?

Amor al todo: al arte y a la magia, amor como camino y no como meta, amor como una gran fuerza motora compasiva y no como un impulso vampiresco, únicamente pasional; amor como deseo por un todo y no como adición a una efímera epidermis. Amor que alumbra caminos, amor consciente que espabila, amor cómplice que cura heridas, amor, espejo profundo y sincero. Real.

Amar, como otras virtudes, requiere tener la paciencia para aprenderlo; es ahí justamente donde he encontrado el verdadero significado de existir. Hemos venido para eso, para amar en toda la extensión de la palabra, lo demás son  meros trámites.

Si mal no recuerdo, cuando Sócrates toma la palabra en aquella famosa cena se refiere a una mujer, Diotimia, la intermediaria entre los dioses y los hombres, que por medio de preguntas le enseñó su propio concepto del amor. ¿El amor es bueno o malo? ¿Es bello o feo? Preguntas, como las que aquí te dejo. Si el amor es sólo virtud, ¿entonces por qué duele o en ocasiones nos provoca miedo? ¿Por qué hoy en día los hombres y mujeres inteligentes se reúnen en torno a una mesa y el amor queda fuera de la conversación? No te preguntas de vez en cuando sobre cómo están dispuestas nuestras prioridades?

Temas: