Entre Julias

Nos ha tocado vivir en un momento de rechazo a las instituciones, esto implica el matrimonio y, por lo tanto, el compromiso.

Una de mis grandes amigas es una mujer apasionada, amante del arte, aprendiz incansable de la vida. Hermosa por fuera, infinita por dentro, valiente, real y fantástica. Afrodita, Hera y Perséfone, todas juntas, a veces unidas y otras en guerra; una mujer en búsqueda, con la que comparto muchas cosas.  Nos vemos poco, pero cuando lo hacemos, intentamos ponerle orden a todo eso que nos hemos dedicado sin querer y por el simple hecho de estar vivas, a ir desordenando.

Hoy desperté con una pregunta de ella en mi teléfono: ¿el enamoramiento es una chispa divina que sucede por instantes? ¿Qué implica estar enamorada?

—Alguna vez escuché que existe un libro titulado La constitución eterna de las cosas y que ahí, como muchos otros mandatos universales, está escrito con tinta indeleble que debemos vivir en pareja. Si esto es cierto, ahí comienza el entredicho. ¿Qué chi... necesito para que esa sensación de las mariposas de colores acariciándonos el alma no desaparezca? Voy a ponerme filosófica. Vivimos en un tiempo donde impera y, al mismo tiempo, está ausente el absoluto, postmodernidad le llaman. Nos ha tocado vivir en un momento de rechazo a las instituciones, esto implica el matrimonio, por lo tanto, el compromiso, y al ser éste un ingrediente fundamental en el amor, pues resulta que vivimos en una era donde Eros pareciera una nueva especie en extinción . El amor necesita compromiso, y le tenemos miedo; vivimos atentos para mostrar sólo nuestra mejor cara, sin dejar salir a ese ser que grita adentro. Ese es el ardor que sientes, Julia, ese que me cuentas que te quema, ese yo profundo revolcándose en tus propias arenas movedizas. Y el otro ingrediente es la pasión, indispensable, sin la que nada sucede, pero que sin los otros elementos se apagará de la misma manera en que se ha encendido.

Querida Julia, para mí estar enamorada es poder volar más alto, porque se hace con dos pares de alas estiradas y en sincronía; es sentir, como por arte de magia, cicatrizar nuestras heridas, experimentar cómo se llena ese hueco interno, es entrar al mundo de lo divino del mismo Eros llevándote de la mano. Pero, ¡ojo!, llega el día en que aterrizas: ¿qué haces entonces?  Ahí comienza el camino verdadero, el de dos almas conectadas que buscan complementar y compartir su propia experiencia vital, entonces se topan con la realidad, surgen los problemas y, con ellos, el reto de solucionarlos. ¿Es fácil? Me imagino que es algo que se va aprendiendo. Con el tiempo construimos, a base de voluntad, buena comunicación y esa empatía de la que me hablaste aquella tarde cuando me explicaste lo de ir encontrando el punto medio; ahí se da ese amor distinto, que no sólo te acaricia y te lleva por las nubes, sino te confronta, te refleja, te impulsa y, por lo mismo, es una gran oportunidad de crecimiento .

¿Tú, amiga, que llevas mi mismo nombre, maestra en filosofía, me cuestionas a mí? Justamente aquella tarde se te llenaba la boca con los conceptos de Han, el filósofo coreano que cree que el amor es el único que puede salvarnos de este estado en el que nos encontramos como esclavos voluntarios. Amiga, tú eres la filósofa y yo hoy me tomo el tiempo de contestarte, sólo por abrir un delicioso diálogo. Saludos, Julia querida.

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