Intimidad...

Colecciono libretas y libretitas. Las llevo conmigo para tomar notas de la magia con la que me topo en mi paseo cotidiano.

Cuando cumplí 15 años mi madre me hizo un regalo. Era un cuaderno forrado en piel roja , con mi nombre completo impreso en letras doradas. En ese momento comenzó el ritual nocturno de  escribir lo que fuera necesario; de pronto, una emoción, alguna idea o alguna anécdota de vez en cuando. Un importantísimo presente me provocó la costumbre de tener un diálogo interno consciente y reflexivo. A partir de ahí fui coleccionado libretas y libretitas. Las llevo conmigo para tomar notas de la magia con la que me topo en mi paseo cotidiano. Estos últimos años he estado en una etapa de reestructuración vital, quizá por eso he dejado un poco de lado la buena costumbre de ir haciendo de a pedacitos mi autobiografía.

Ahora que me he dado cuenta pondré toda mi intención en retomarlo. Empezaré justamente ahora, en este espacio que no es privado, pero no por eso deja de tener su propia intimidad , pues te hablo a los ojos mientras me lees en silencio. No es intimidad lo que subimos a las redes sociales, no es intimidad elegir qué mostrar para vender una imagen y enseñar nuestro mejor angulo en una de esas fotografías que tomamos de nosotros mismos. Hemos confundido la palabra, pues creemos que la definición tiene que ver con cuánta ropa traemos puesta, mas el diccionario nos dice algo distinto. La palabra intimidad proviene del latín intus, que significa dentro. Desde ahí escribe el que en verdad lo hace, desde ahí, desde el fondo, desde lo profundo, desde lo hondo surgen las notas del músico que nos conmueve. Desde ahí te cuento que a veces siento miedo de que mis letras no traspasen tus pupilas y dudo también si tengo mirada de cronista, pero entonces, justo cuando tiemblan mis dedos, como ahora, los dejo irse, y pasa que desde ahí sacan a la superficie lo que traigo, así, sin filtro, sin pretensiones, sólo deseando tener un momento de verdadera conexión. Es por eso que hoy mando un mensaje de señal de vida, de amor, de admiración y de agradecimiento en la botella que lanzo a ese inmenso mar de información, esperando que alguna otra alma necesitada de intimidad lo reciba y me conteste.

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