¿Gozo, placer o el disfrute?
Fluir es el punto medio entre la tensión y el aburrimiento.
Vivimos en la era del hedonismo, de la gratificación inmediata, de “lo quiero ahora”; en pocas palabras estamos inmersos en un capricho colectivo que detiene nuestro crecimiento individual y, por lo mismo, como humanidad en general. Por otro lado, también está de moda en las conversaciones de sobremesa acompañar el postre con palabras como “conciencia” y “progreso”.
¿Cómo podemos combinar estas dos cosas: placer y conciencia? Mihály Csíkszentmihályi —¡ufff, qué nombre tan largo!— explica en su libro Fluir una nueva sicología de la felicidad. La fórmula es fluir, pero no ese simple ir a donde la vida te lleve. Fluir es el punto medio entre la tensión y el aburrimiento. Para esto debes reconocer tus habilidades, fijarte metas que te generen un reto, fluyes en el proceso de cumplirlas con dirección, disciplina, constancia y concentración. El aburrimiento vendrá
inevitablemente, al que no debemos temer, pues no es más que una pausa existencial para pensar en nuevos objetivos.
El autor se refiere a este flujo, el que te lleva directamente a un estado de disfrute y su fórmula es muy simple: conciencia, placer y reto aplicado a cada cosa y a cada instante de la vida. ¿Muy difícil? Tanto como cualquier otra disciplina. Mi amigo Juan trabaja en una fábrica de producción en serie, es el responsable del control de calidad, lo que pareciera un trabajo rutinario y absolutamente aburrido, pero este hombre ha tomado una decisión: ser feliz.
Juan, el que dedica ocho horas diarias a acomodar cables y cuadritos, el mismo que no lee ni la correspondencia, que no tiene cuentas con muchos ceros en el banco, que no ha tomado ningún curso de semiología ni de ningún otro tipo de crecimiento espiritual y personal, descifró por sí mismo la fórmula: cada día plantearse hacer lo mismo, con mayor precisión en menos tiempo. Imagínate llevar esto a tus relaciones de familia, a lo que te dedicas, a tu creatividad, a tu libertad, a tu evolución, a tu cuerpo, a tu mente, a tus pasiones y pasatiempos, a tu pareja, al amor y a ese placer por excelencia: el sexo. Fluir, fluir, fluir. Pero hacerlo con sentido, con propósito, con entrega, hasta convertirlo en un hábito, una manera de vivir.
El placer por sí solo es tan efímero y se ha convertido en algo desechable. En cambio, el disfrute obtenido a partir de esas experiencias óptimas es una recompensa de crecimiento constante. ¿Cómo podemos saber que uno está en este tipo de experiencia? Cuando hemos perdido la noción del tiempo. ¡Disfruta!
