Agravios
Al hijo de Cuauhtémoc lo llamaron “Diego de Mendoza de Austria y Moctezuma”, como un acto de gracia, pues a los indígenas y esclavos africanos losmarginaban, argumentando su origen irracional para despojarlos de sus territorios o bienes.
El presidente Andrés Manuel López Obrador solicitó a España se disculpe por los agravios que nuestra civilización recibió durante la conquista; tema controversial, pues cierto es que existió una violación a los derechos de los pueblos originarios por el avasallamiento a sus tradiciones, usos y costumbres.
A las culturas prehispánicas se les impuso obligatoriamente la religión católica como única, destruyendo parte importante del acervo cultural, construyendo iglesias encima de todo vestigio arqueológico que diera fe de la organización de nuestros ancestros; a manera de ejemplo, revisemos la historia del registro civil de las personas.
En la Roma antigua, existieron datos censales desde la época de Servio Tulio teniendo los padres la obligación de registrar el nacimiento de sus hijos.
Durante la Edad Media, con la expansión y el auge del catolicismo, la iglesia tuvo el control del registro de los nacimientos y matrimonios.
Los primeros libros parroquiales con estas inscripciones son de Francia, a mediados del siglo XIV.
Luis XV dispuso la libertad de cultos y decretó la creación de un rústico registro civil para que los nacimientos, matrimonios y defunciones se inscribieran ante oficiales de la justicia real.
La Revolución Francesa separó a la Iglesia del Estado, y en 1804 se instauró el funcionamiento del Registro Civil, inscrito en el Código de Napoleón.
Algunas instituciones prehispánicas reconocían el parentesco de consanguinidad y afinidad, registrándose ante funcionarios que tenían al mismo tiempo carácter religioso y estatal. Los Mayas regulaban el estado civil de las personas, las herencias y el matrimonio.
Con la Conquista, hace 500 años, los usos de la Península Ibérica se trasladaron a nuestra tierra. Las partidas parroquiales son el antecedente directo.
Con los bautismos, también se registraban las multitudinarias ceremonias de “Conversión de indígenas” a la religión católica.
Al hijo de Cuauhtémoc lo llamaron “Diego de Mendoza de Austria y Moctezuma”, como un acto de gracia, pues a los indígenas y esclavos africanos los marginaban, argumentando su origen irracional para despojarlos de sus territorios o bienes.
En defensa de estos, varios humanistas ibéricos levantaron sus voces; la pugna la resolvió el Papa Paulo III, quien falló en favor de la inteligencia indígena, pero no evitó la estratificación social consignada en los viejos libros eclesiásticos, donde se anotaban los bautizos de los infantes y de manera infamante y degradatoria a las castas consideradas inferiores, mencionando su condición de indios, mulatos, mestizos, cambujos, albarrazados, zambo prietos, coyotes, lobos, salta-patrás, óreos, etcétera.
Con el inicio de la guerra de independencia, Hidalgo emitió un bando en 1810 para favorecer a los más desprotegidos.
La junta gubernativa de Zitácuaro, los Sentimientos de la Nación de Morelos, las constituciones de Cádiz y la de 1824 no refieren disposición alguna respecto de este tema.
En 1829, Oaxaca expide el primer Código Civil, y 30 años después el presidente Juárez dicta las Leyes de Reforma, separando la Iglesia del Estado, creando la Institución del Registro Civil vigente hasta nuestros días.
Compartimos 500 años de historia, rica en intercambios comerciales.
Los españoles que recibió el general Cárdenas trajeron cultura, arte, ciencia, trabajo, inversiones y desarrollo para ambas naciones.
Celebremos esto sin regateos mezquinos o frivolidades efímeras, ubicando el tema en su estricta dimensión desde la academia, el foro, la docencia y la judicatura.
La política y la diplomacia que hagan lo propio, lo válido y lo justo, ¡no más, pero tampoco menos!
Así que con alegría, regocijo y humildad reflexionemos el tema.
¿O no, estimado lector?
