Películas
Se acerca el 2 de febrero y, como cada año, ese día veo la película Groundhog Day Hechizo del tiempo, del director Harold Ramis, de un guión de Danny Rubin, estelarizada por Bill Murray y Andy MacDowell. Es una de mis películas favoritas de todos los tiempos, y aunque ...
Se acerca el 2 de febrero y, como cada año, ese día veo la película Groundhog Day (Hechizo del tiempo), del director Harold Ramis, de un guión de Danny Rubin, estelarizada por Bill Murray y Andy MacDowell. Es una de mis películas favoritas de todos los tiempos, y aunque es una comedia romántica, clasificación que la crítica relega a película domiguera con palomitas, tiene la mayoría de los elementos que me gustan en una historia. Bill Murray repite el personaje que siempre ha hecho (¿no lo hacen todos los actores?), ese tipo cínico, con cara de pocos amigos, que ve la vida desde un lugar distinto a nosotros, en donde queda atrapado en un sólo día de su vida, y nosotros, los espectadores, vemos cómo logra salir de ahí, transformado.
A mí me gusta verla, porque, aunque no soy miembro de Alcoholicos Anónimos, me recuerda que debo ver la vida “un día a la vez”, que sus 24 horas completas contienen la vida misma, y uno tiene que decidir cómo las vas a aprovechar. Lo que hagas en ese día tiene repercusiones a largo plazo, algo tan obvio que se nos olvida. Un libro se escribe letra por letra, palabra por palabra, página por página. Pero si no escribimos esa página cada día, ese poquito, el libro nunca llegará a terminarse. Lo que mueve a Bill Murray es el amor, como en toda comedia romántica. Sólo que ésta es con el actor que menos te imaginarías en una.
Al director de cine Carlos Reygadas no le gusta trabajar con actores, porque dice que nunca dejas de verlos en la pantalla. Por más que “actúen” siempre son ellos. Creo que tiene toda la razón, pero la industria del cine se ha basado en eso: queremos ver a John Travolta haciéndola de rey de la pista de baile el sábado por la noche, de vaquero urbano, de pandillero en los años 50, de matón tierno.
Ahora que fui a ver The Revenant: El renacido no dejé de pensar en el buen trabajo que hizo Iñárritu al dirigir a DiCaprio. El pinche frío que debió tener éste, tan real, tan bajo cero. No dejé de pensar que con esta película DiCaprio creció mucho, se hizo hombrecito. ¿Y si hubiera sido un no actor como los de Reygadas? Quizá me hubiera metido más en la historia, seguro. Pero olvídate de tantos millones de dólares para hacerla, tampoco esa calidad en la fotografía de El Chivo, nada de música de Sakamoto, ni tantos boletos vendidos en taquilla, nada de gente hablando y prendiendo su celular a media función.
Pero no me malinterpreten, The Revenant me gustó. Soy un fácil, lo admito. Tampoco soy crítico de cine para que tomen en cuenta mi palabra, pero como muchos de ustedes, estoy dispuesto a comprar mi entrada, y la de mi pareja, y la de mis hijas, invitar dulces, pagar el estacionamiento, o sea, invertir mi dinero para que a cambio me den algo: emoción, reflexión, evasión.
Hay películas que me dan las tres, pero con que me den una me conformo. Uno pensaría que todas dan alguna de éstas, pero no, hay películas que no cumplen ni con una.
Así que no me quejo de The Revenant, pero a la salida me preocupé. Entonces, ¿así es el mundo?, ¿no hay de otra? Lo que mueve a DiCaprio es la venganza: no se metan con mi familia porque los mato. Es lo que mueve al Jefe Arikara: no se metan con mi familia porque los mato. Un Pawnee dice: “la venganza esté en manos del creador”. Pero el creador hace que los humanos maten a quien se lo merece.
Lo que mueve a los humanos es la supervivencia: matamos animales, nos los comemos, nos cubrimos con sus pieles, las vendemos, obtenemos dinero, otra gente te roba ese dinero, te proteges, lo matas para que no te robe. Marcas territorio, porque si no te dejan sin casa. Un candidato a presidente dice que no va a permitir que existan inmigrantes y él es uno. Un narcotraficante dice que no tenía de otra entre tanta pobreza, y tiene miles de muertes en su haber.
Se acerca el 2 de febrero y voy a ver Hechizo del tiempo para recordarme que cada cosa que haga en un día, tendrá repercusiones en mi vida entera.
