Bolillo

Qué miedo. Se supone que ya no debería comer pan, que dizque por el gluten y porque engorda mucho, pero dicen que el bolillo es bueno pa’ los sustos. La creencia popular dice que segregamos bilis cuando nos espantamos y el migajón lo absorbe. Yo no sé si sea cierto, ...

Qué miedo. Se supone que ya no debería comer pan, que dizque por el gluten y porque engorda mucho, pero dicen que el bolillo es bueno pa’ los sustos.

La creencia popular dice que segregamos bilis cuando nos espantamos y el migajón lo absorbe. Yo no sé si sea cierto, ¿alguien sabe? Hay animales que defecan cuando los atacan, no sólo del miedo, sino para aligerar su peso y poder escapar. Eso me dijo mi hermano una vez, y le creo porque se leyó la Enciclopedia Animal cuando era chiquito.

El caso es que toda esta semana no he parado de espantarme. Primero fue con la invasión extraterrestre que iba a haber el lunes, ¿no supieron?, un vidente francés, a principios de la década de los ochenta, vaticinó lo que iba a pasar en el futuro, y varias cosas sí sucedieron: la disolución de la Unión Soviética, la caída del Muro de Berlín, el ataque a las Torres Gemelas, el primer presidente negro en Estados Unidos. El video andaba circulando por Facebook (¿dónde más?) y se veía al francés hablando de todo esto mientras a un lado de la pantalla aparecía lo atinado de su predicción. Todo iba allanando el terreno para la declaración más importante. El tipo decía que todo se le oscurecía a partir de 2012: “Lo que pasa es que la humanidad va a desaparecer debido a una invasión extraterrestre. Los alienígenas arrasarán con nosotros”. Daba una fecha exacta: 28 de septiembre de 2015, o sea: el lunes pasado.

Yo vi el video el domingo, y aunque les parezca ridículo, me preocupé. Tampoco es que no durmiera esa noche, pero sí pensé que debería irme con mi familia por si a los marcianos se les ocurría llegar. Claro, marcianos es un decir, pero qué casualidad que ese mismo día, el lunes, dieron la noticia de que encontraron agua en Marte.

Siempre pensé que unos seres más evolucionados serían pacíficos, pero hay expertos que dicen que esa evolución respecto a nosotros puede generar que ni siquiera nos podamos comunicar con ellos, así como los humanos no lo podemos hacer con, por ejemplo, los chimpancés, los delfines o con una oruga. Tampoco pensamos en los insectos ni las plantas que estamos destrozando (nimiedades), cuando construimos nuestras casas. Así los alienígenas podrían llegar y ni siquiera decir “compermisito”.

Pero ¿adivinen qué? ¡No pasó nada!, los alienígenas no nos vinieron a dar una lección (bien merecida) por tratar mal a los demás seres con los que compartimos el planeta.

Tampoco pasó mucho con los temblores, que la alarma sísmica tuvo a bien avisar que se acercaban. El del martes a media noche estaba yo en Televisa Chapultepec, saliendo del programa de Julio Patán y Nicolás Alvarado, que me entrevistaron sobre mi libro One Hit Wonder. Ya en la calle comenzó a sonar la alarma y pensé: “¡Aguas!, esto ya se cayó una vez”. Neta que sí me espanté.

El siguiente temblor estaba yo caminando por Insurgentes, y la verdad es que la alerta causa pánico. Toda la gente salió de los edificios y tiendas donde estaba. Lo más extraño, sobre todo en la Ciudad de México, es que la gente se hermana en estas situaciones, hasta platica. Supongo que de los nervios. Los chilangos, por si no lo saben, son ariscos, no se dan los buenos días en la calle, ni las buenas tardes, mucho menos las buenas noches, no vayan a pensar que está uno vendiendo su cuerpo al ser tan amable.

Quizás el gobierno debería implementar unas señoras que regalen bolillos para el susto en cada esquina. O ya en buena onda, hasta podían regalar guajolotas, ese alimento chilango por excelencia: la torta de tamal. La que no he probado aún, pero de pensar se me hace agua la boca, es la torta de chilaquiles. Ahorita voy corriendo por una.

Mejor no nos espanten ya, que como en Pedro y el Lobo, cuando sea de a de veras, no les vamos a creer nada.

Temas: