Giro de timón
12 años en Excélsior.Hoy, al inicio del quinto año de los tiempos de Enrique Peña Nietoen el poder, parecehaber ya quedado plasmado el legado histórico del régimen, a menos que un acertadogiro de timón altere radicalmenteel rumbo.
Me incluyo entre los convencidos de que las reformas estructurales alcanzadas vía el inimaginable Pacto por México, habrían de incidir en la proyección del país hacia la estratosfera. El sexenio había iniciado con el pie derecho, restando dos terceras partes del mismo para afianzar las aprobadas leyes e iniciar el disfrute de los bonancibles resultados. ¿En qué momento nos cayó el chahuistle? Concretamente, la falta de acuerdos con respecto de la disminución de la producción de petróleo entre países miembros de la OPEP, precipitó los precios internacionales del hidrocarburo, dando al traste con la esperada inversión en el sector energético del país, de 25 mil millones de dólares entre 2014 y 2016 y, en consecuencia, con el previsto crecimiento para el presente año de cuando menos 5% del PIB.
Asimismo, el derrotero de la presente administración se ha visto afectado por la alterada paz social, causada principalmente por un lesivo grupo magisterial de choque, cuyos aviesos intereses rebasan el ámbito educativo. La indecisión de toda autoridad a ejercer su mandato, garantizando orden y paz social, coadyuvó a la radicalización de acciones delincuenciales por parte de la disidente agrupación de mentores responsables —más bien irresponsables— de la educación de millones de niños y jóvenes en el país.
Igualmente, la reforma constitucional creadora del Sistema Nacional Anticorrupción, cuyo propósito tiende a reconstruir la confianza en las instituciones y en las autoridades, dista de convencer a una desilusionada ciudadanía, escéptica ya en cuanto a demagógicos discursos de que nadie está por encima de la ley, al tiempo que se difunden actos de corrupción cometidos por las mismas autoridades impulsoras de las referidas leyes anticorrupción. Aun así, el SNA establece candados que dificultarán la comisión de delitos relacionados, fortaleciendo y ampliando las facultades de la Auditoría Superior de la Federación, ratificando el Senado al titular de la Secretaría de la Función Pública e instaurando la Fiscalía Anticorrupción como organismo autónomo.
Un impulsivo giro de timón en medio de la tormenta altera el rumbo, pero con el riesgo de quedar enfilado hacia un impreciso destino. La mayoritariamente repudiada presencia de Donald Trump a invitación expresa del presidente Peña, abre un nuevo polémico frente, justo en vísperas del también controversial Cuarto Informe —informe que, luego de nueve años, ha quedado reducido a confeti— causando el rechazo de un buen número de connacionales agraviados por el xenófobo, racista y ofensivo discurso del arrogante aspirante a la Casa Blanca.
Cuándo imaginamos a un orondo Trump desde la residencia oficial de Los Pinos ratificar sus amenazantes intenciones presidenciales, entre ellas, el terminar con la migración ilegal, revisar el TLCAN tan nocivo para EU y tan benéfico para México y, principalmente, asegurar la frontera, incluyendo la construcción de un muro. “El muro fronterizo va, aunque no se haya platicado en la reunión quién lo pagará”. Creemos que ése era el instante preciso para que el presidente Peña le respondiera enfáticamente al jactancioso Trump, el firme rechazo de los mexicanos a dicho propósito. Quedó la impresión en cuanto a que existe el acuerdo de erigir el muro y sólo falta afinar el detalle del financiamiento. Qué mejor muestra de la perversidad del engreído huésped, que lo afirmado unas cuantas horas después en Phoenix:
“México pagará por el muro hermoso y poderoso, créanme —believe me—, al 100%, todavía no lo saben, pero pagarán por el muro”. Agregó el ufano candidato que echará a todos los indocumentados de su país, “no es lo que conviene a los inmigrantes sino a los ciudadanos norteamericanos”.
¿Era imprescindible o cuando menos conveniente invitar a los candidatos a la Presidencia de Estados Unidos a visitar México? ¿Por qué no esperar a entrevistarse con quien resulte electo? Ahora, ¿y si Hillary no responde a la invitación, y si se siente plato de segunda mesa, y si gana —lo más probable— la elección?
Quedan dos años de los tiempos de Enrique Peña Nieto, es preciso un acertado giro de timón, mostrar y convencer con hechos que un estadista está por encima de chismes y rumores.
Mr. Trump: usted no va a ser presidente de Estados Unidos, créame —believe me—.
