Davos 46
Cada fin de enero, desde 1971, en la ciudad más alta de Europa —Davos, Suiza— se reúnen durante cuatro días, aproximadamente dos mil 600 personas, decenas de jefes de Estado —este año son 40—, ministros, dirigentes de bancos centrales, bancos comerciales y de organismos multilaterales, premios Nobel, comunicadores, científicos, académicos, activistas, intelectuales, artistas y representantes de diferentes ONG de 81 países, convocados por el Foro Económico Mundial, organización no lucrativa fundada por el profesor de política empresarial en Ginebra, Klaus Schwab. Misión del foro: “Mejorar la situación del mundo”.
Este resort de esquí en los Alpes suizos, configurado para reuniones y seminarios sobre inquietantes temas globales, se ha convertido en feria de vanidades y pasarela del mundo de los negocios, en la que personajes VIP suelen arribar en helicópteros y su séquito de guardaespaldas. El elitista entorno del foro propicia estrechar relaciones e influencias; no cualquier interesado está en condiciones de cubrir 20 mil dólares de admisión, sin considerar traslado, alojamiento, alimentos y accesorios. Davos es observado como el barómetro para pronosticar la tendencia de la economía mundial, es el foro no oficial más importante del mundo en que se abordan temas de discusión más allá de la economía. Aunque de Davos no salen decisiones concretas, surgen las ideas y se formulan las recetas resultantes de los intercambios entre los principales actores de la esfera pública y privada.
Iniciaron las 250 sesiones del Foro de Davos en medio de una gran ansiedad sobre la economía mundial ante la turbulencia de los mercados financieros, la debilidad de la economía china y la brusca caída del petróleo. El presente año, el tema central del foro es la Cuarta Revolución Industrial y sus efectos. El símbolo elegido son los drones.
La Primera Revolución Industrial, a finales del siglo XVIII, integró la masiva generación de energía. La segunda, un siglo después, estableció la división del trabajo y la producción en serie. La tercera, vigente desde hace casi medio siglo, se distingue por el procesamiento de la información, el desarrollo electrónico y la producción automatizada. La Cuarta Revolución Industrial alude a la aparición de impensables tecnologías, sin inmediatas aplicaciones y con descontrol sobre su dominio. Esta revolución se distingue por la “velocidad, el tamaño y la fuerza con que se transforman por completo los sistemas de producción, distribución, consumo y, posiblemente, la misma esencia del ser humano”. Opinan los expertos que el posible fracaso de abordar los desafíos del cambio climático se ha convertido en el mayor riesgo a mediano plazo, al igual que la amenaza derivada de la migración involuntaria a gran escala de 60 millones de personas forzadas a abandonar sus países de origen. Se anticipa que en los próximos cinco años, las mayores economías mundiales prescindirán de cinco millones de empleos.
La organización humanitaria Oxfam, tal como en ocasiones anteriores, publicó un estudio en torno al Foro de Davos, intitulado Una economía al servicio del uno por ciento, citando datos del Informe Sobre la Riqueza 2015 del banco Credit Suisse. Oxfam revela que las 62 personas más ricas del mundo poseen “exactamente lo mismo que la mitad más pobre de la población global”. Apenas el pasado año, dicho patrimonio lo ostentaban las 80 personas más ricas del planeta. Cuatro multimillonarios de México cuya riqueza en 2002 equivalía al 2% del PIB del país, para 2014 su participación alcanzó el 9% del PIB. Significativa parte de estas cuatro fortunas provienen de los sectores privatizados concesionados y/o regulados por el sector público. Recalco: “El uno por ciento de la población mundial tiene un patrimonio mayor que el resto de la humanidad”.
La declaracionitis crónica en cuanto foro económico sea posible para explicar por qué los hechos no coinciden con pasadas predicciones y a la vez vaticinar con aparente certeza el futuro, despistan a la más pródiga memoria. Apenas el pasado diciembre, Agustín Carstens se jactaba de la estabilidad y crecimiento de nuestro país ante un escenario mundial complicado, anticipando que luego de la pasajera sobrerreacción de mercados globales, nuestro afectado peso recuperaría terreno. Un mes después nos notifica el gobernador de Banxico de un duro golpe a los países emergentes por la amenaza de una crisis crediticia causada por cuantiosa salida neta de capitales.
Mensaje del papa Francisco al Foro Económico de Davos: “Sollozar por el dolor del otro no sólo significa compartir sus sentimientos… A todos ustedes les pido una vez más: no olviden a los pobres”.
