Fracasos exitosos
Soy de los que creen que la posible victoria electoral no le sería tan provechosa al presidente Andrés Manuel López Obrador como lo sería una derrota, sobre todo en cuanto a la configuración de la próxima Cámara de Diputados
Yo soy de los que creen que el partido político del gobierno tiene muchas posibilidades para ganar y pocas probabilidades para perder las inmediatas elecciones. Esto será lógico o será absurdo, pero las circunstancias lo favorecen en los momios y en los pronósticos.
Pero también, soy de los que creen que esa posible victoria no le sería tan provechosa al presidente Andrés Manuel López Obrador como lo sería una derrota, sobre todo en cuanto a la configuración de la próxima Cámara de Diputados. Aristóteles diría que esto plantea un dilema y las abuelas dirían que sólo hay de dos sopas. Con diferentes palabras, significan lo mismo.
Por una parte, si Morena no obtuviera la mayoría camaral sucedería que el gobierno:
1. Podría atribuir a ese resultado que no pudo concretar sus proyectos nacionales.
2. Quedaría relevado y disculpado de cualquier responsabilidad histórica.
3. Podría utilizar un discurso de fantasías irrealizables sin compromiso de cumplimiento.
4. Podría inculpar de todos los males mexicanos a la nueva mayoría congresional.
5. Podría alegar que todo iba muy bien en contra de la delincuencia, de la pobreza, de la corrupción, de la reacción, de la injusticia, de la desigualdad y del subdesarrollo, pero que la elección los descarriló de ese camino perfecto.
6. Podría sostener que su actuación fue infalible y la del nuevo Congreso de la Unión es infumable.
7. Podría ser oposición en contra del Congreso y gobierno frente a la sociedad. Doble discurso y doble ganancia.
8. Podría alegar que no la perdieron, sino que se la robaron.
9. No habría cargo histórico contra el presidente López Obrador, puesto que él no está en la boleta ni sería de los perdedores.
10. Algunos aspirantes perderían sus anhelados privilegios, pero el Presidente no perdería nada. La voluntad divina en el ganado ajeno.
Todo esto no suena nada mal para un gobierno que enfrenta muchos problemas que, en honor a la verdad, no fueron creados por él y, además, lo relevaría de responsabilidades históricas hasta de aquellos malos resultados que sí fueron creados en su gestión.
Pero, por el contrario, si ganara la mayoría de la Cámara de Diputados, la cosa se le pondría fea, porque todo lo antes mencionado se le volvería en su contra. Ya sería el único responsable de nuestros males, aunque no fuera el causante. Se eliminaría la diferencia entre el no se pudo y el no pudimos. Entre el no nos dejaron y el no cumplimos. Perdería la oportunidad del discurso de queja, de inculpación y de oposición. Vamos, pues, ya no tendría disculpa ante una gestión que se antoja poco exitosa, más por las circunstancias que por su culpa.
Estoy seguro de que no es culpa de este gobierno que en un sexenio no se resuelva la inseguridad, la corrupción, el narcotráfico, la pobreza y la injusticia. Así como también estoy seguro de que no ha sido culpa de un solo sexenio. Pero tener pretexto de disculpa es toda una lotería.
Yo no soy empresario, pero he sabido que grandes fortunas se han generado a partir de comprar empresas quebradas más que comprar empresas exitosas. Como soy abogado, sé que muchas veces es más provechoso comprar derechos litigiosos que derechos firmes. Como abogado penalista, también sé que es más cómodo defender acusados que patrocinar víctimas. Y, aunque parezca muy cínico sin serlo, también suele ser más redituable.
Y es que no siempre lo más exitoso es lo que más nos conviene ni a la inversa. En un penalti, el tirador no tiene nada que ganar y mucho que perder, mientras que el portero no tiene nada que perder y sí tiene mucho que ganar. Sin embargo, nuestra primera irreflexión nos hace envidiar el lugar del tirador y no el del portero.
Franklin Roosevelt y Winston Churchill recibieron un mal gobierno y lo entregaron bien. Donald Trump recibió un buen gobierno y lo dejó mal. Pero el colmo fue Adolfo Hitler, que recibió un mal gobierno y lo dejó peor.
En la política real, por cierto, la única en la que creo, el funcionario es más importante mientras esté rodeado de más problemas y el gobernante más exitoso es el que tiene menos promesas que cumplir.
